Fatiga pandémica

El hecho

El otro día, hablando con una amiga que es auxiliar de enfermería, me di cuenta de lo agotados que están nuestros sanitarios con la carga de trabajo diaria que soportan en el hospital.

Me habló de EPIs que se han vuelto más incómodas porque, toda protección es poca pero, no les facilita la tarea, les sofoca, les agobia, les asfixia. “Yo también necesitó oxígeno para respirar bajo estas mascarillas”

Me comentó del incremento de pacientes y el descenso de sanitarios, pues ellos desean poder tratar a todas las personas sin discriminar si su afectación es causa o no de la pandemia. Este aumento de tareas les lleva al agotamiento físico y psicológico, muchos acaban por darse de baja y se convierten en nuevos pacientes.

También me dijo que le desespera ver la irresponsabilidad de tantas personas, en las calles sin guardar la distancia de seguridad, sin mascarillas, etc… “no somos héroes y no lo pretendemos, necesitamos ayuda.”

El dato

Indagando sobre comportamientos poco responsables y el agotamiento que conllevan en los profesionales de la salud me he topado con el término “fatiga pandémica”. La OMS lo define como la “los sentimientos de desmotivación que siente la población sobre el seguimiento de los comportamientos recomendados para protegerse y proteger a otros del virus”.

La OMS propuso además distintas formas de hacerle frente, como mantener una alimentación saludable y un sueño correcto, no olvidar la importancia de hacer ejercicio o actividades que reduzcan el estrés, mantener el contacto social y limitar las noticias relacionadas con la pandemia porque el exceso puede crear emociones negativas que nos lleven a la frustración y el agotamiento.

Pero si concretamos en la sanidad es la SEE (Sociedad Española de Epidemiología) quien ha publicado una carta donde nos cuenta que “esta fatiga epidemiológica ha venido causada por la sobrecarga de trabajo, por las condiciones en las que se debe realizar, por la incomprensión de su función, por la responsabilización que determinadas personas o instituciones han querido, interesadamente, hacer sobre quienes trabajan como técnicos en la vigilancia y control de la pandemia, y por la prolongación en el tiempo de todos estos condicionantes” sin que se haya hecho nada para cambiarlo.

La conclusión

Parece que se nos olvida que este virus sigue afectando a todo el mundo, que los sanitarios siguen trabajando para que el COVID no nos arrebate a más personas. Ya no reciben aplausos y no los quieren, sólo piden ayuda para seguir haciendo su trabajo, porque todos somos necesarios.
O en palabras del Papa Francisco: “Fuimos capaces de reconocer cómo nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes que, sin lugar a dudas, escribieron los acontecimientos decisivos de nuestra historia compartida: médicos, enfermeros y enfermeras, farmacéuticos, empleados de los supermercados, personal de limpieza, cuidadores, transportistas, hombres y mujeres que trabajan para proporcionar servicios esenciales y seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas… comprendieron que nadie se salva solo” (encíclica Fratelli tutti).