Las ‘kellys’: el trabajo duele más tras la pandemia

https://www.rtve.es/noticias/20210527/kellys-trabajo-duele-mas-tras-pandemia/2094860.shtml

Hace apenas tres años, la movilización de las camareras de piso de los hoteles despertó una enorme ola de solidaridad en España. Los políticos se hacían fotos con ellas y les devolvían a cambio promesas de mejoras. El entonces presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, llegó a recibirlas en la Moncloa. Pero tres años son mucho tiempo si entre medias sucede una pandemia: la COVID-19, que ha paralizado al sector turístico, también ha ensordecido las reivindicaciones del gremio. Las ‘kellys’, las-que-limpian las habitaciones, se debaten ahora entre el miedo a los dolores propios su oficio y la necesidad de retomarlo cuanto antes. «A mí me llaman mañana y el dolor que tengo me da igual. Me tomaré las pastillas que haga falta. Me tengo que poner a trabajar», dice Luz, camarera de piso desde hace una década en la malagueña Costa del Sol.
Las cifras son elocuentes. En temporada alta, en España trabajan unas cien mil camareras de piso. En abril, el 90% estaban en el paro o en ERTE, según los últimos datos del Ministerio de Trabajo. Muchas se han ido reincorporando desde entonces, a medida que los hoteles han reabierto sus puertas, pero Comisiones Obreras calcula que unas 40.000 siguen esperando que suene el teléfono. Luz lleva sin trabajar, sin empujar el carro, desde el año pasado, aunque las secuelas no la han abandonado. «Llevo tres meses con una bursitis en el hombro izquierdo. Me he cortado el pelo porque no me lo puedo recoger», explica.
“»Todas padecemos de fascitis plantar, de artrosis, de lumbalgia. Cuando empecé en esto, no sabía que las pestañas dolían»“
El trabajo de las ‘kellys’ es el pilar en el que se sustenta el sector turístico: una habitación limpia y, ahora también, desinfectada. Una tarea repetitiva y exigente —levantar camas, cargar toallas, limpiar cristales— que se hace a toda velocidad, sin respiro, para que el complejo mecanismo del hotel funcione puntual. Para que las habitaciones estén listas a la hora. «Piernas, brazos, pies. Todas padecemos de fascitis plantar, de artrosis, de lumbalgia. Cuando empecé en esto, no sabía que las pestañas dolían», relata Inma, que acaba de volver a la faena que ejerce de forma subcontratada desde hace once años.
Ana, medio siglo en el mismo hotel malagueño, tiene un parte de lesiones aún más extenso: «Tengo los manguitos rotadores afectados, con infiltraciones; lumbalgia; bursitis en las caderas; en las manos, el túnel carpiano infiltrado; y los pies, deformados y con hongos, de las aguas sucias, de meterme en los platos de ducha con el agua caliente». En sus años de oficio, Ana ha ordenado y limpiado más de 200.000 habitaciones y ha hecho medio millón de camas. Mientras, veía a la Costa del Sol crecer hasta convertirse en un polo turístico mundial a la vez que carga de trabajo se iba haciendo más pesada. «Nos fueron metiendo más habitaciones. Todo son espejos, cristales, mamparas de baño que parecen puertas. Y eso se hace en el mismo tiempo que teníamos antes». A sus 62 años, Ana quiere jubilarse cuanto antes —»ya no sirvo para nada»— pero si lo hace ahora, perdería una cuarta parte de su pensión. La pandemia ha hecho su carro aún más pesado. «Le temo a entrar a trabajar, es un estrés constante. Aparte de la limpieza, cuando terminas, tienes que volver a entrar para desinfectar todo el hotel». «Ponte y quítate guantes cada vez que entras en una habitación, separa la ropa en bolsas…La carga laboral es tremenda», coincide Inma. 
Las movilizaciones mejoraron sus condiciones, pero queda mucho por hacer
La gran movilización de las ‘kellys’ no fue en vano. En 2018, la Seguridad Social instruyó a las mutuas para que reconocieran como enfermedades profesionales tres patologías propias del gremio: síndrome del tunel carpiano (entumecimiento de manos y dedos); bursitis (inflamación de articulaciones) y epicondilitis (sobrecarga de los tendones del codo). Pero Trini sufre todas esas y algunas más y denuncia que las mutuas suelen ignorar esa instrucción y forzar a las afectadas a entablar un proceso judicial que no siempre pueden permitirse.
A sus 58 años, Trini está retirada por incapacidad permanente, pero con la prestación mínima, la correspondiente a enfermedades comunes. «Esto es todo mío, de nacimiento, no tiene que ver con que haya estado 30 años en un hotel», ironiza.
La revuelta de 2018 también propició que se enmendaran muchos convenios provinciales —dos de cada tres, según CCOO— para paliar otro problema: la precariedad de las camareras de empresas subcontratadas. En Málaga, el convenio obliga a pagarles lo mismo que a las de plantilla del hotel: hasta 1.566 euros brutos al mes en catorce pagas. «Una nómina interesante en un colectivo cuyo nivel de formación no es de los más altos de una empresa hotelera», subraya José Carlos Escribano, vicepresidente de la Asociación de Empresarios Hoteleros de la Costa del Sol (AEHCO).
Pero Trini, subcontratada, sostiene que hay truco. «Hay rendijas por las que los empresarios se escurren. Las empresas multiservicios (externas) no te contratan a jornada completa, sino por cuatro o seis horas. De forma que te pagan menos, pero la carga laboral es la misma que si fuera completa», dice. «El convenio dice que tienen que cobrar lo mismo y si no se cumple, hay que denunciarlo», replica Escribano, «En todo caso, (lo que dicen las ‘kellys’) no es una práctica habitual». «El 95 por ciento de las multiservicios lo hacen así», insiste Inma.
“»Las externas no te contratan a jornada completa. Así, te pagan menos, pero la carga laboral es la misma»“
Difícil contrastar quién tiene razón porque la práctica denunciada por Inma es un fraude ley, parte de esa dimensión oscura, informal, del mercado laboral español, sobre el que no hay datos oficiales. Como esta otra opinión que Inma arroja convencida: «La inspección laboral no funciona».
La distinta percepción entre patronal y trabajadoras se traduce en un pulso muy concreto, uno que se tiene que dirimir entre Gobierno, sindicatos y CEOE en el marco de la reforma laboral: ¿hay que prohibir las subcontrataciones en casos como este, cuando afectan a actividades esenciales de una empresa? Las asociaciones de ‘kellys’, como Unión Kellys Málaga —de la que forman parte todas las entrevistadas en este reportaje—, dicen sí. Los hoteleros dicen no. «El mercado es cada vez más flexible, te obliga (a hacer movimientos de personal) con poco tiempo de reacción», argumenta Escribano.
La otra gran demanda de las uniones de ‘kellys’ tampoco suscita consenso: reducir la carga laboral. «No tengo la sensación de que estén al límite. Habría que preguntarle camareros, cocineros, con recepcionistas, todos tendrán sus propias quejas», dice Escribano. «El empresario no se entera de lo que pasa en las habitaciones», replica Ana. Con todo, camareras y hoteleros de la Costa del Sol sí tienen una petición común para la administración: un plan de prejubilaciones que permita retirar a las trabajadoras de mayor edad sin merma de su pensión. «Como el de los mineros», dice Ana, que desea y teme a la vez la llegada de los turistas tras la pandemia. «La cosa va a ir a peor», augura Trini.

Nos hablan las kellys

https://andalusiarevolutioncomunica.blogspot.com/2021/05/hoy-entrevistamos-mari-trini-jimenez-y.html

Hoy entrevistamos a Mari Trini Jiménez y a Ana Barranco compañeras y fundadoras de Kellys Unión Málaga.

Trini y Ana nos cuentan como se organizaron, las dificultades que tuvieron para constituirse, las divisiones internas en el sector. La precariedad que surge a partir de la reforma laboral y que se esta instaurando en su trabajo, la explotación laboral, la sobre carga de trabajo. Nos hablan de las enfermedades que sufren y como las empresas y mutuas miran para otro lado. nos han hablado de su dificultad para una prejubilación.

Las luchas que han realizado, los derechos que consiguieron con sus luchas, y ven como hoy en día pierden esos derechos, esos que consiguieron con sus luchas. Nos cuentan como han tenido incluso que realizar labores de enfermería con los clientes. Como ellas dicen, tienen para escribir un libro.

Os recomendamos no os perdías esta entrevista, conoceréis de primera mano la vida tan precaria que llevan y la falta de derechos laborales, y el poco apoyo que reciben de los sindicatos y por parte de los partidos políticos, la persecución que reciben por parte de la patronal.

Mari Trini y Ana, mujeres muy grandes, gracias por este baño de realidad

#DerechosLaborales

#KellysEnLucha

#NoMasPrecariedad

Las ‘Kellys’ inician un calendario de movilizaciones para reclamar que el Gobierno cumpla lo prometido

https://www.diariosur.es/turismo/kellys-inician-calendario-movilizaciones-gobierno-coronavirus-20210422123912-nt.html

Son un eslabón fundamental en la atención al turista, pero también el colectivo más vulnerable. Las camareras de piso, conocidas como las ‘Kellys’, lanzan un SOS tras un año de pandemia en la que, una gran mayoría se quedaron en el camino nada más decretarse el estado de alarma e inician un calendario de protestas para hacer visibles sus demandas. Esta mañana la directiva de Kellys Unión Málaga se han concentrado ante la puerta de la sede del SEPE para reclamar al Gobierno que cumpla con todos los compromisos adquiridos con este colectivo .

La presidenta en Málaga de este colectivo, Mari Trini Jiménez, señala que las camareras de piso eventuales cuando estalló la crisis sanitaria ya llevaban unos meses sin trabajar a la espera de que arrancara la temporada alta, de forma que ya se quedaron al margen de los ERTE y en pocos meses agotaron el poco desempleo que les quedaba. Desde entonces hasta ahora dibuja un escenario desolador en el que, al principio, fueron muchas las promesas de los políticos y miembros del Gobierno, pero al final todo ha quedado en papel mojado. «Ni han cumplido lo prometido, ni les llega el ingreso mínimo vital. Están jugando con nosotras. Se comprometieron a la jubilación anticipada ante las enfermedades y dolencias que padecemos y ahora dicen que van a penalizar a quienes se jubilen antes de tiempo. Nos chulean«, señala Jiménez, que muestra la carta que han remitido al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, recordándole los encuentros mantenidos y los compromisos adquiridos. En la concentración han dicho basta ya: »no más precariedad y paro«. Esta protesta es el inicio de una serie de convocatorias que contemplan tras considerar que después de un año de pandemia es el momento de reivindicar y exigir que el Ejecutivo respete todo lo acordado con el sector y mantener la lucha «por un trabajo digno».

Ejemplos de esta situación extrema y crítica por la que atraviesan estas trabajadoras, es el de María, nombre ficticio porque quiere mantenerse en el anonimato, que no trabaja desde el 14 de marzo, fecha en la que tenía un contrato por obra y servicio en un hotel y fue cortado por el cierre del establecimiento. «Desde entonces hasta ahora he solicitado todas las ayudas posibles y me las han negado todas», señala para comentar que ha tenido que volver a casa de sus padres y está a la espera de que le retiren el coche por impago de las letras. «Es la primera vez en mi vida que me veo así. Empecé con 17 años de camarera de piso y tengo 36 y nunca me había faltado el trabajo. El panorama es nefasto. La situación fatal», lamenta sin encontrar salida.

Montserrat Morilla ha regresado a un pueblo de Jaén, a la casa de sus padres junto a su hijo, tras una vida de trabajo por temporadas en hoteles de estaciones de esquí, en invierno, y en las islas o la Costa del Sol, en verano. Ahora, tras agotar cuatro meses de desempleo y sin poder acceder a un ERTE, vive con 430 euros de ayuda familiar. «Somos el departamento más importante y el más castigado», señala para advertir, desesperada e indignada, que pese a su situación se niega a trabajar sin contrato. «Trabajar en la economía sumergida nos perjudica a todos», declara para lamentar que «ahora estamos como si no hubiéramos existido nunca».