Francisco Guzmán: «Dios no está contra la economía»

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Francisco Guzmán, presidente de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) en Málaga reflexiona sobre los retos de la pastoral del mundo obrero en la encrucijada actual.

-Se han cumplido 40 años de la encíclica ‘Laborem Excercens’ del papa Juan Pablo II sobre el trabajo. ¿Qué aportó a la Iglesia y a la sociedad en general?

-La encíclica nos aportó, y nos continúa aportando hoy día, que la pobreza tiene una raíz estructural y que el trabajo sigue siendo la clave de la cuestión social. San Juan Pablo II nos propuso a la Iglesia y a la sociedad en general una serie de criterios para humanizar el trabajo, donde destaco dos principalmente: la prioridad del trabajo sobre el capital, y que el derecho de propiedad no es absoluto, está limitado por el destino universal de los bienes y por el derecho a la propiedad de todos. El derecho de propiedad pierde su legitimidad cuando no sirve al bien común y cuando impide que todos los seres humanos y sus familias posean lo necesario para tener una vida digna. Y es por ello que, con la ayuda de la Doctrina Social de la Iglesia y a modo de resumen, nos tiene que recordar a todos que Dios no está contra la economía, es la economía la que está contra Dios, cuando la persona no es el centro de sus acciones.

-¿Qué retos tiene ante sí la pastoral obrera hoy?

-Es importante una mayor formación de los cristianos y cristianas para estar comprometidos en el mundo del trabajo, y que nos ayude a que nuestra vida sea cada vez más coherente con el Evangelio de Jesucristo. Para ello, debemos impulsar la formación en Doctrina Social de la Iglesia y que esta nos ayude a iluminar situaciones actuales. También, promover la participación y el compromiso de los cristianos en la vida pública a través de las instituciones políticas, sindicales, vecinales, sociales y culturales a fin de construir y reconstruir el tejido social en línea con los valores de justicia, fraternidad, libertad, etc. Un reto importante es acompañar a los trabajadores, también, en sus luchas y reivindicaciones por una vida y trabajo digno. Preocuparnos y ocuparnos de las justas luchas de los trabajadores y trabajadoras. Y para ello, sugiero que se contemple la creación de un Secretariado Diocesano de Pastoral Obrera en la Diócesis de Málaga, en consonancia con la Conferencia Episcopal Española.

-Culpamos a la pandemia, pero la precariedad laboral, el paro juvenil o la discriminación de la mujer en el trabajo no han nacido ahora.

-Está claro que la precariedad laboral, el paro juvenil o el de larga duración, la desigualdad, etc. los teníamos antes de la pandemia y obedecen a un modelo económico basado en el beneficio, que no duda en explotar y descartar a la persona. Y la pandemia ha venido a empeorar aún más la situación de precariedad e inestabilidad de cientos de miles de personas con empleos más precarios e inestables. Ha agudizado las malas condiciones de vida y trabajo de muchas personas, dejando en una situación muy difícil, dramática en muchos casos, a los trabajadores y trabajadoras de la economía sumergida. El problema no es que haya malas condiciones de trabajo, es que hay malas condiciones para ser personas. Y para nosotros todas las personas deben estar en el centro de la vida social y económica, tal y como recoge la Doctrina Social de la Iglesia.

Mundo obrero

-Se han cumplido 75 años del nacimiento de la HOAC. ¿Quiénes forman la Hermandad Obrera de Acción Católica en Málaga y qué frutos ha conseguido en este tiempo?

-La HOAC la forman mujeres y hombres que han decidido vivir la fe y el seguimiento a Jesús de Nazaret en las condiciones de vida y trabajo del mundo obrero. Y en esta celebración del 75 aniversario, el papa Francisco nos enviaba un agradecimiento por nuestra fidelidad eclesial y nos sugería: «Ustedes se saben Iglesia, se saben Acción Católica enviada por la Iglesia a la misión de evangelizar el mundo obrero, el mundo del trabajo. Una misión que es de toda la Iglesia. Sigan siendo esto».

-¿Cuál es el mensaje que quieren hacer sonar este 1 de mayo?

-Que Jesucristo es nuestra propuesta de liberación, y desde esta clave evangelizadora estamos convencidos de que, sin un compromiso cristiano, no hay un trabajo decente. Con un compromiso decidido que parte desde nuestra fe, el trabajo decente será cada día más posible. El Papa, en el mensaje a los participantes en la última reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo, en junio de 2021, dice: «… busquemos soluciones que nos ayuden a construir un nuevo futuro del trabajo fundado en condiciones laborales decentes y dignas, que provenga de una negociación colectiva, y que promueva el bien común, una base que hará del trabajo un componente esencial de nuestro cuidado de la sociedad y de la creación. En ese sentido, el trabajo es verdadera y esencialmente humano. De esto se trata, que sea humano».

FESTIVIDAD DE SAN JOSÉ OBRERO

DOMINGO 1 DE MAYO

EUCARISTÍA

FESTIVIDAD DE SAN JOSÉ OBRERO

PARROQUIA STELLA MARIS – 10:00 H

Organiza: Iglesia por el Trabajo Decente de Málaga

#1M2022 | «SIN COMPROMISO, NO HAY TRABAJO DECENTE»

Manifiesto de la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente

La iniciativa de Iglesia por el Trabajo Decente (ITD) va a seguir defendiendo, en 2022 y por octavo año consecutivo, la importancia del trabajo decente para todas las personas y para que este compromiso sea una responsabilidad de toda la Iglesia. Con humildad, pero con rotundidad, queremos tener de fondo y como lema que “Sin compromiso no hay trabajo decente”. La dignidad del trabajo y el trabajo decente es una prioridad humana y, por ello, una prioridad cristiana y compromiso de toda la Iglesia.

 “Iglesia por el Trabajo Decente de Málaga”

Manifiesto ante el Primero de Mayo 2021

   Manifiesto ante el Primero de Mayo 2021

 ¡Ahora más que nunca: Trabajo Decente!

Las entidades de inspiración católica que promueven la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente (ITD) celebran, por cuarto año consecutivo, el Día Internacional del trabajo y la solemnidad de san José obrero, patrono de los trabajadores y las trabajadoras (1), en un año extraordinariamente marcado por el grave impacto de la pandemia en el conjunto de la sociedad y en el mundo del trabajo, cuyos efectos han sido especialmente acentuados en las personas más vulnerables.

Esta crisis ha puesto de relieve la necesidad de un cambio de sistema productivo, basado en trabajos que aporten valor, sujetos de unas condiciones laborales dignas, y donde las personas estén en el centro.

Sabemos que Jesucristo aprendió de san José “el valor, la dignidad y la alegría de lo que significa comer el pan que es fruto del propio trabajo”; y que aquella familia de Nazaret tuvo que afrontar, en su migración por Egipto, “la necesidad de comer, de encontrar una casa, un trabajo”. (2)

ITD quiere subrayar, en este tiempo, la importancia del trabajo como actividad humana que acrecienta la dignidad de cada persona y de sus familias. Con el trabajo cuidamos al conjunto de la sociedad y al planeta. Además, con el trabajo participamos en nuestra propia humanización, en la sostenibilidad de la Creación y en el “advenimiento del Reino” (2)

El impacto de la pandemia ha acelerado los procesos que debilitan el derecho al trabajo, y empobrecen, precarizan y descartan a millones de trabajadoras y trabajadores, principalmente mujeres y jóvenes.  Ello provoca que el acceso a un puesto laboral digno, tras muchos años dedicados al estudio y a la especialización en un ámbito profesional, sea hoy casi un lujo que pocas y pocos jóvenes se pueden permitir. Que el trabajo esté en riesgo supone que el pacto social entre en crisis y, con ello, la propia democracia.

Se han destruido miles de empleos y muchos de los ERTE se han resuelto, finalmente, en despidos. Los empleos considerados esenciales –muchas veces ejercidos en condiciones precarias, tanto a nivel laboral como de protección sanitaria—, no se han visto reconocidos en una mejora de sus condiciones. Y las medidas de protección social diseñada para paliar los efectos de la crisis no ha llegado a las personas que más lo necesitan, como tampoco ha sucedido con el subsidio temporal previsto para las trabajadoras del hogar o el ingreso mínimo vital. Además, la pobreza se dispara entre la población migrante en situación administrativa irregular, donde el desempleo y la economía informal son mayoritarios, sin posibilidad de acceso al sistema de protección.

En ese sentido, creemos oportuno destacar que es fundamental una política que promueva la fraternidad y permita la amistad social al servicio del bien común. De ahí que en este Primero de Mayo “el gran tema es el trabajo”, una dimensión esencial para promover “el bien del pueblo” (3) y el acceso a una vida digna en una sociedad más decente. Instamos, ahora más que nunca, a adoptar las medidas necesarias para conseguir que el trabajo decente sea una realidad accesible para todas las personas, con condiciones que permitan mantener una vida digna y una protección social que llegue a todas las personas que lo necesitan.

Por eso, en este Primero de Mayo, ITD reclama:

  • Redefinir la idea del trabajo como actividad humana y configurar nuevas políticas –los cuidados, la reducción de la jornada laboral, etc.— que aseguren a cada persona trabajadora “alguna manera de aportar sus capacidades y su esfuerzo” a la construcción del bien común.
  • Potenciar el trabajo con derechos, seguro, “libre, creativo, participativo y solidario” (EG 192) en cualquier relación laboral y para todas las personas, sin distinción de edad, sexo o procedencia.
  • Garantizar el acceso a medidas de protección social para aquellas personas que no puedan trabajar o que sus condiciones laborales no les permitan llegar “a fin de mes”.
  • Lograr el reconocimiento social y laboral de los empleos esenciales para la vida, con unas condiciones laborales dignas.
  • Promover un diálogo con toda la comunidad política, sociedad e instituciones para configurar un nuevo contrato social basado en la centralidad de la persona, el trabajo decente y el cuidado del planeta.
  • Impulsar la incorporación de la juventud al mercado laboral en una sociedad golpeada por una crisis sanitaria social y económica creando oportunidades reales de acceso al trabajo digno.

Convocamos a todas las comunidades cristianas a unirnos, asegurando las medidas sanitarias, en la celebración, la lucha y la oración de este 1º de Mayo. Os invitamos a participar en cuantas acciones puedan hacer visible estas reclamaciones. Y con el papa Francisco, imploremos a san José obrero para que encontremos caminos que nos lleven a decir: Ahora más nunca: ¡Ningún joven, ninguna persona, ninguna familia sin Trabajo Decente!