Actuar juntos para construir una cultura de seguridad y salud positiva

Día mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo - web de Prevensa

EL DATO
En el año 2003, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) empezó a celebrar el Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo. En esta cita anual, que tiene lugar cada 28 de abril, se pretende promover la prevención de los accidentes en el trabajo y las enfermedades profesionales en todo el mundo; además de rendir homenaje a las personas que han sufrido un accidente laboral.
Según OIT, en el año 2021 hubo un total de 18.945 accidentes laborales, de los cuales 237 fueron graves y 22 con muertos. La tendencia que están teniendo los accidentes laborales es siempre al alza, ningún año a la baja.
Estas cifras no mencionan la larga lista de enfermedades que no están recogidas como enfermedades laborales, como el cáncer o el Covid -19. Además tampoco aportamos datos sobre las secuelas de estos accidentes, que en algunos casos son permanentes.


EL HECHO
La campaña de la OIT este año se centra en la participación y el dialogo social, el lema es “Actuar juntos para construir una cultura de seguridad y salud positiva”.
Con esta campaña se quiere conseguir que los trabajadores se sientan cómodos hablando de los posibles riesgos en el lugar de trabajo y que la empresa colabore con ellos para encontrar soluciones adecuadas.
Tenemos que cooperar para lograr bajar las cifras de accidentes laborales, a fin de erigir una cultura de Seguridad y Salud en el Trabajo. Para alcanzarlo es imprescindible el diálogo entre trabajadores, empresarios y gobierno; solo a través de la cooperación se conseguirá una respuesta rápida y eficaz para construir una cultura de seguridad y salud en el trabajo sólida en todos los niveles de la sociedad.


REFLEXION
La Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española hizo pública, en el año 2000, una nota en la que los obispos afirmaron que “todos los cristianos debemos implicarnos en la defensa de la vida en el trabajo, porque el compromiso al servicio de la vida obliga a todos y cada uno.”
Ante la proximidad de la celebración de este día, los obispos recuerdan la exhortación del Papa Francisco sobre el tema en la Misa del Gallo de la pasada Navidad, en la que pedía que se alcanzara el objetivo de cero muertes en el trabajo, la atención a los más desfavorecidos y la dignidad de los trabajadores. “La pérdida de la salud en el trabajo, y en excesivas ocasiones de la vida, es un grave problema que necesita ser abordado en profundidad” escriben desde la conferencia episcopal. Las leyes de prevención, las inspecciones de trabajo, la formación que reciben los trabajadores y las trabajadoras, no parecen ser suficientes para atajar este grave problema.


Desde la HOAC debemos recordar que “El trabajo es para la vida. ¡Ni una muerte más!

Jose Quero

Con el Hijo de Dios que nace, soñemos juntos, sueñen ustedes, sueñen con otros

La invitación de Francisco a soñar, y a soñar juntos, a soñar entre nosotros, tiene más sentido en Navidad, cuando celebramos la razón de nuestro sueño y nuestra esperanza. Dios se hace obrero. De María, mujer trabajadora, esposa de trabajador, madre del Jesús Obrero, nace Dios en medio de la vida obrera.

Su luz ilumina hasta los más oscurecidos rincones de la existencia, y nos desvela las sendas de humanidad que podemos transitar para llegar hasta él y, como los pastores y los magos, reconocerle y adorarle. Su luz ilumina las sendas por las que volver a nuestro quehacer cotidiano convertidos por el encuentro, dispuestos a seguir soñando y a compartir el sueño.

Soñar es descubrir en la pequeñez de lo vulnerable, de lo insignificante y marginal, las semillas escondidas del Reino, las que ya están sembradas en la vida, y aquellas de las que somos portadores –como los magos y los pastores– para ofrecer y sembrar en la vida obrera y eclesial. Es seguir percibiendo los signos frágiles y vulnerables del Reino donde surgen, como un niño envuelto en pañales, en las periferias de la vida. Es percibirlos, reconocerlos y cuidarlos.

Soñar es vivir la fe en el proyecto del Reino, convencidos de que Dios tiene la palabra definitiva sobre la historia y la humanidad, y que esta es, siempre, una palabra de amor y de vida, de dignidad y esperanza, de comunión y de santidad.

Soñar es poner cauces de realidad a la Esperanza. Soñar es ilusionarnos con el proyecto de comunión que Dios pone en nuestras manos. Soñar es experimentarnos amados por Dios en toda circunstancia de nuestra existencia. Soñar es construir juntos «un mañana más grande». Es hacer Iglesia.

Soñar es comprometernos en ese mañana posible, en ese presente abierto al sueño de Dios. Es hacerlo con gratitud y con gratuidad generosa. Es hacerlo tejiendo redes, sumando esfuerzos, tendiendo puentes.

Es seguir tejiendo historias de encarnación y de abrazo. Es seguir cuidando de los empobrecidos. Es seguir impulsando una cultura de la solidaridad que haga cada vez más posible el trabajo decente. Es seguir construyendo juntos con nuestras hermanas y hermanos el sueño de Dios, el sueño del Reino. Es seguir tejiendo la solidaria historia de amor de Dios con la humanidad.

Navidad es tiempo de soñar. De gozar de los sueños, y de empezar a hacerlos realidad. Nos insiste Francisco: ¡Qué importante es soñar juntos! […] Solos se corre el riesgo de tener espejismos, en los que ves lo que no hay; los sueños se construyen juntos». Soñemos como una única humanidad, como caminantes de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos (FT 8).

Que, en este tiempo de Navidad sigamos cuidando del Reino, de los pobres, del mundo obrero y del trabajo, y de la Iglesia. Sigamos soñando. Juntos. Entre nosotros.

La herencia de la pandemia

EL DATO

A finales de abril de 2020 la Encuesta COTS “Condiciones de trabajo, inseguridad y salud en el contexto del COVID-19”, concluyo que la situación generada por la pandemia había implicado un empeoramiento generalizado de las condiciones de trabajo y de los indicadores de salud de los y las trabajadoras asalariadas, hasta límites nunca antes cuantificados.

Un año después, la pandemia ha dejado en España casi 3,8 millones de casos y más de 80.000 muertes. A pesar de los enormes esfuerzos, más o menos exitosos, para controlarla y mitigar sus efectos negativos, a día de hoy nadie tiene claro cuál va a ser su impacto real sobre el empleo, las condiciones de trabajo, la salud y las desigualdades, una vez podamos pasar página de las medidas de prevención epidemiológica al alcanzar la inmunidad de grupo. Así lo concluye la nueva edición de la encuesta COTS 2021, realizada por el grupo de investigación POWAH de la Universitat Autònoma de Barcelona en colaboración con el Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud (ISTAS-CC OO).

EL HECHO

Continuando con los datos proporcionados por la COTS 2021, podemos concretar en materia de salud laboral que:

  • Todavía hay personas que van a trabajar con síntomas de enfermedad porque su salario no cubre las necesidades básicas, aunque el porcentaje ha disminuido respecto al año pasado.
  • La inseguridad por el empleo y las condiciones de trabajo se sitúan en niveles muy similares a los del año anterior. Entre personas con problemas económicos estas inseguridades aumentan.
  • Un poco más de la mitad de las y los encuestados considera que su salud empeoró durante la pandemia. Igual que en el año anterior, el empeoramiento de la salud es más prevalente entre las mujeres y entre aquellas personas cuyo salario no permite cubrir las necesidades básicas.
  • El salario vuelve a ser determinante para la salud mental, entre aquellos que no cubre sus necesidades básicas el riesgo de mala salud mental alcanza un 73,8%.
  • Muchos participantes han experimentado problemas de sueño, pero cuando el salario no cubre las necesidades económicas básicas del hogar este porcentaje alcanza un preocupante 51%.
  • La exposición a alta tensión prácticamente no ha variado su frecuencia durante este año de pandemia y continúa afectando a casi la mitad de trabajadoras y trabajadores. La alta tensión es más prevalente en los puestos de trabajo que son una extensión del trabajo doméstico y del de cuidados, menos valorados socialmente y muchos de ellos ampliamente feminizados, evidenciando las desigualdades estructurales de clase y género y la falta de prevención de riesgos laborales en esos puestos.

Para Albert Navarro, miembro del grupo de investigación POWAH-UAB y coautor del informe, la cuestión de los salarios es fundamental y trasciende de un tema de justicia social: “Los salarios bajos generan enfermedad. Los sueldos que no permiten llegar a fin de mes, los alquileres altos; mantener eso en el tiempo y con intensidad genera problemas de salud”, asevera.

LA REFLEXIÓN

“Porque vivimos en un tiempo de explotación de los trabajadores; en un momento en donde el trabajo, no está precisamente al servicio de la dignidad de la persona humana, sino que es el trabajo esclavo. Debemos formar, educar a un nuevo humanismo del trabajo, donde el hombre, no la ganancia, esté al centro; donde la economía sirva al hombre y no se sirva del hombre.” (Papa Francisco, 16-1-2016)

Por todo ello desde la Hoac luchamos por un “Trabajo digno para una Sociedad Decente”

Jose Quero

Militante de la Hoac

Málaga. Jornada Mundial por el Trabajo Decente. 7 de octubre 2021

Ahora más que nunca trabajo decente

Manifiesto de la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente. Jornada Mundial por el Trabajo Decente. 7 de octubre 2021. (pdf)

Por séptimo año consecutivo, las organizaciones que integramos la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente (ITD) celebramos y reivindicamos el trabajo como derecho y medio para desarrollarnos, crecer y realizarnos como personas en esta Jornada Mundial por el Trabajo Decente.

El 9 de mayo de 2021 se puso fin al estado de alarma establecido en España el 14 de marzo de 2020 a causa de la COVID19. En plena pandemia hemos sido testigos e incluso sufrido (en primera persona o a través de familiares, amistades, etc.) la precariedad en el mundo del trabajo: personal de limpieza y sanitario sin Equipos de Protección Individual; las condiciones laborales y falta de medidas de prevención en riesgos para la salud de las trabajadoras de hogar; personas teletrabajando sin disponer de medios tecnológicos y dispositivos por parte de la empresa; trabajadores y trabajadoras que, a pesar de estar en ERTE se han visto obligados a teletrabajar desde casa; horas extras realizadas, además de otras precariedades laborales (hostelería, economía sumergida, falsos autónomos, contratos en prácticas, etc.) que precisamente por esa precarización no han podido acceder a ERTE o cualquier tipo de escudo social. Por otro lado, si hablamos de acceso al trabajo, el modelo de relaciones laborales actual no asegura acceder a un trabajo decente que permita atender necesidades básicas como llegar a fin de mes, conciliar la vida laboral y familiar, el acceso a la vivienda, la seguridad y salud laboral, la participación social, etc; hecho que afecta especialmente a jóvenes y mujeres, víctimas de una de las mayores tasas de desempleo, trabajos peor remunerados y elevada rotación, entre otros.

“Al ser jóvenes se llega a la conclusión de que nos podemos conformar con cualquier cosa/condición con el fin de poder ganar experiencia. Con esto me refiero a trabajar horas extra o realizar cierres con mucha más frecuencia de la acordada» (Rita, 20 años).

«Lo que más frustra y te hace sentir inseguridad es que te pidan experiencia pero no te den la posibilidad de conseguir esa experiencia, rechazándote desde el principio por ser joven». (Carmen, 23 años).

La nueva “normalidad” no puede ser la precariedad que venimos sufriendo desde antes de la pandemia. El trabajo es expresión de amor, de entrega, nuestra contribución singular y única a la construcción de una sociedad más justa e igualitaria, sin explotación ni opresión de ningún tipo; es nuestra apuesta por crear comunidad para conseguir que esté a la altura de la persona y su dignidad.  Hoy en día, persisten en el funcionamiento de la sociedad muchas formas de injusticia en el mundo, alimentadas por un modelo económico basado en el beneficio, que no duda en explotar y descartar a la persona; ante estas situaciones precisamos desarrollar una moral colectiva en la que defender el trabajo como expresión de la dignidad humana frente al individualismo y comodidad; medios y herramientas para conocer nuestros derechos laborales. Por eso, en esta Jornada Mundial por el Trabajo Decente, desde ITD reivindicamos:

  • Que el Estado ponga todas las herramientas y medios humanos necesarios para asegurar el cumplimiento de la normativa sobre las condiciones de trabajo y prevención de riesgos laborales. Haciendo hincapié en las condiciones infrahumanas en las que siguen viviendo muchas personas trabajadoras temporeras en asentamientos de zonas hortofrutícolas.
  • Asegurar un empleo de calidad en los sectores privado y público; disminuyendo la contratación temporal y parcial e impulsando la contratación indefinida y la jornada completa.
  • Medidas de orientación y formación, no solo para personas desempleadas, sino accesibles a todas las personas trabajadoras, especialmente para aquéllas que sufren subempleo y precariedad en el empleo.
  • La subida del Salario Mínimo, para que se ajuste a las necesidades vitales de la sociedad actual, y que familias sin ingresos tengan una defensa real y la posibilidad de salir adelante; con especial atención a los posibles perceptores del IMV que no pueden acceder a esa cobertura a causa de las trabas administrativas.
  • Modificar el Reglamento de Extranjería para evitar la caída en situación de irregularidad sobrevenida de las personas migrantes.

“En una sociedad realmente desarrollada el trabajo es una dimensión irrenunciable de la vida social, ya que no sólo es un modo de ganarse el pan, sino también un cauce para el crecimiento personal, para establecer relaciones sanas, para expresarse a sí mismo, para compartir dones, para sentirse corresponsable en el perfeccionamiento del mundo, y en definitiva para vivir como pueblo”. (Fratelli tutti 162) Como movimientos de Iglesia trabajamos en equipo con el fin de visibilizar el derecho del trabajo decente; que sea una realidad real en la vida de las personas y respete nuestra casa común. Os animamos a participar en los actos reivindicativos y celebrativos en todas las plazas y parroquias de las diócesis, en su organización y difusión.