Accidentes mortales

El dato. Los accidentes mortales aumentan.

En los avances de estadísticas para 2020, publicados en la web del Ministerio de Trabajo y Economía Social, vemos como ha habido un aumento de accidentes laborales con resultado de muerte en el año 2020. Un total de 708,  trece más que en el 2019, una subida del 1,9% en valores relativos. Habiendo descendido alrededor de un 26% los accidente in itinere, han aumentado en el puesto de trabajo durante su jornada laboral con 53 muertes más, lo que supone un aumento del 9,8%.

Entre los sectores más golpeados se encuentra el primario ˗agricultura, ganadería y pesca, trabajos imprescindibles durante el confinamiento˗ con 108 accidentes mortales, lo que deja al descubierto la gran precariedad del sector. Además en el sector secundario, la industria también sube su mortalidad hasta un total de 117 fallecidos.

Cabe destacar a los sanitarios, ellos han sufrido la falta de EPIs y de personal, recordemos que tenemos la ratio más baja de Europa (602 sanitarios por cada 100000 habitantes). Las cifras de mortalidad para estos trabajadores varían según la fuente de información; el Ministerio de Trabajo y Economía Social registra 21 muertes a causa del COVID-19 desde marzo hasta diciembre para el año 2020, sin embargo los informes del Instituto de Salud Carlos III hablan de 52 muertes por el virus solo hasta el 10 de mayo, incluso hay estimaciones que amplían hasta más de 80 en todo el año.

El hecho.

¿Cómo es posible que en pleno confinamiento, con una destrucción de más de 600000 empleos y 3600000 trabajadores en ERTE, haya habido un aumento de accidentes laborales? ¿Dónde están los inspectores de trabajo, también hacen teletrabajo?

Lo que demuestran estos datos es que los sistemas de prevención parece que han dejado de ser operativos, a nivel legislativo es necesario  realizar cambios  en prevención   y seguridad en el trabajo. A nivel empresarial se tienen que tomar más en serio la formación en riesgos laborales, tanto la empresa contratante como la contratada para dar el curso, un buen plan de prevención no puede verse como un gasto más y una forma de cubrir expedientes, es una inversión en salud y vida.

La reflexión.

Para acabar quiero tener presente a aquellas personas muertas por COVID-19 y que por no ser parte del sistema sanitario no se les reconoce en estas estadísticas de accidentes laborales; personal de limpieza, cuidadoras, funerarios… también estuvieron en peligro y muchos se contagiaron en su puesto de trabajo.

Como nos dice la doctrina social de la iglesia es un deber “recordar siempre la dignidad de las personas en el trabajo y los derecho de los trabajadores, denunciar las situaciones en las que se violan dichos derechos y contribuir a orientar los cambios sociales para que se realice un auténtico progreso de la persona y la sociedad”. (Laborem exercens, n.1d)

 No nos olvidemos que el verdadero valor del trabajo está en la persona que lo realiza y no en la rentabilidad. Dios quiere que el trabajo sea para la vida, ¡¡¡EL TRABAJO ES PARA LA VIDA: NI UN MUERTO MÁS!!!