29 Domingo del Tiempo Ordinario (17 de octubre de 2021)

Queremos reconocimiento, pero lo queremos, en el fondo, al estilo de este mundo; queremos que nos cuelguen las medallas que creemos merecer. ¡Qué poco tiene que ver esta manera de pensar con la de Jesús! ¡Qué poco tiene que ver esta manera de trabajar con la de Jesús! y, en el fondo, ¡qué poco tiene que ver esta manera de ser y vivir con la de Jesús!

El reconocimiento que Jesús nos ofrece pasa por el servicio sin condiciones y sin límites; pasa por la entrega de la propia vida por amor. Ese es el cáliz que hemos de beber. Nada hay nada que pudiéramos usar como excusa, como límite, desde el encuentro con Jesús, para entregar nuestra vida.

El amor fraterno sólo puede ser gratuito, nunca puede ser un pago por lo que otro realice ni un anticipo por lo que esperamos que haga. Por eso es posible amar a los enemigos. Esta misma gratuidad nos lleva a amar y aceptar el viento, el sol o las nubes, aunque no se sometan a nuestro control. Por eso podemos hablar de una fraternidad universal. (FT 228)

Un abrazo en Cristo Obrero. ¡Hasta mañana en el altar!