25 Domingo del Tiempo Ordinario (19 de septiembre de 2021)

Necesitamos experimentar la gratuidad del amor que acoge a los más pequeños, a los más frágiles, y los coloca en el centro de la vida para mostrar que así acogemos a Cristo mismo. Necesitamos construir la fraternidad (eclesial y social) desde esa centralidad de los pequeños, de los pobres, de los más vulnerables. Solo de esa manera experimentaremos de verdad el amor de Dios por cada uno de nosotros y nosotras, tal cual es: gratuito, incondicionado, sin límite.

Tenemos ante nosotros el reto de construir, con la gracia de Dios, una comunidad fraterna que trastoque las maneras de vivir que priman en nuestro mundo.

Un fuerte abrazo, y ¡hasta mañana en el altar!