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Convocatoria
7 de Octubre, Día Mundial del Trabajo Decente

03/10/2013. Fuente: HOAC. Noticia leída 562 veces.

Estamos dispuestos a difundir y extender una nueva mentalidad social y política. Una manera de vivir que visibilice que otro mundo, otra política y otra economía son necesarias y posibles y que ya los estamos realizando y construyendo, desde la fe en Jesucristo y su Evangelio (Extracto de la Declaración final de la Asamblea General del Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos (MMTC). Haltern, Alemania, julio de 2013)

En estos últimos tiempos estamos sufriendo una desvalorización del trabajo. Al cosificarlo y convertirlo en un instrumento más del sistema de producción, al haberlo sometido a la ley de la eficiencia, del crecimiento continuo y del máximo beneficio, se le ha ido distanciando, cada vez más, de las notas que lo distinguen del resto de factores que intervienen en la producción. Ha dejado de ser un hacer propiamente humano. Tal y como el Papa Juan Pablo II nos decía en 1 de Mayo de 2000: “Es necesario reconocer que la organización del trabajo no siempre respeta la dignidad de la persona humana, y que no se tiene debidamente en cuenta el destino universal de los recursos”. Por ello lanzaba un llamamiento, recogiendo las demandas de la sociedad civil, a que se crease una coalición mundial en favor del “trabajo decente”.

Desde 2008 la Confederación Sindical Internacional (CSI) ha venido organizando el 7 de octubre la Jornada Mundial por el Trabajo Decente (JMTD). Una jornada, iniciada en 1999 por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en la que se pide a todas las instituciones relacionadas con la defensa del trabajo que se unen para recordar que en el trabajo decente ha de figurar en el centro de las actuaciones de los Gobiernos para recuperar que en la economía global se sitúe a las personas en primer término.

Para que no quede duda de a qué llamamos “trabajo decente” el Papa Benedicto XVI, recogiendo la iniciativa de su predecesor, en Caritas in Veritate 63 desarrolla cuándo un trabajo puede ser calificado de este modo:” cuando es expresión de la dignidad de todo hombre y mujer; un trabajo libremente elegido, que asocie efectivamente a los trabajadores, hombres y mujeres al desarrollo de su comunidad; un trabajo que de este modo, haga que los trabajadores sean respetados, evitando toda discriminación; un trabajo que permita satisfacer las necesidades de todas las familias y escolarizar a los hijos sin que se vean obligados a trabajar; un trabajo que consienta a los trabajadores organizarse libremente y hacer oír su voz; un trabajo que deje espacio para reencontrarse adecuadamente con las propias raíces en el ámbito personal, familiar y espiritual; un trabajo que asegure una jubilación digna a los trabajadores que lleguen a la jubilación”.

Pero en una sociedad como la nuestra en la que el desempleo ronda el 26,3% y el paro juvenil (menores de 25 años) el 56 %, la causa principal de la falta de dignidad para las personas, nuestros hermanos y hermanas, es la falta de trabajo. El Papa Francisco, en el encuentro con el mundo del trabajo el día 22 de septiembre de este mismo año así lo reconocía que “cuando falta el trabajo, falta la dignidad”. Y es que no podemos olvidar, tal y como él mismo afirma que “Dios ha querido que el centro del mundo no sea un ídolo, sea el hombre, el hombre y la mujer, que con su trabajo hacen avanzar el mundo. Pero ahora mismo, en este sistema sin ética, el centro es un ídolo y el mundo se ha convertido en idólatra de esto: “dios-dinero”.

La HOAC, corresponsable con la Pastoral Obrera de la Diócesis, este 7 de octubre, Jornada Mundial del Trabajo Decente, queremos hacer una sencilla acción conjunta con los diferentes movimientos del MTCE (Movimientos de trabajadores Cristianos de Europa). La idea es repartir unas tarjetas y que en la parte posterior de las mismas se escriba, "Trabajo decente para mí es:. ..." para que cada persona libremente exprese cómo entiende que debería darse. Se completan y se firman personalmente. Serán recogidas y entregadas al Presidente del Parlamento Europeo en Bruselas a final de enero de 2014 por parte del Grupo coordinador del MTCE.

Desde aquí invitamos a todos los cristianos de la Diócesis que se unan a esta iniciativa y promuevan en los ambientes en los que se encuentran la sensibilidad por la lucha por un trabajo decente, tal y como nos anima el magisterio de la Iglesia. Para colaborar se pueden firmar tarjetas en la página Web de la HOAC de Málaga www.diocesismalaga.es/hoac/ y participando con nosotros en la Eucaristía del día 7 de Octubre a las 20:00 en la parroquia San Vicente de Paul (C/ La Unión, en Málaga); os esperamos.
 


DECLARACIÓN 7 DE OCTUBRE DE 2013
Movimiento de Trabajadores Cristianos de Europa (MTCE)

El 7 de octubre se celebra la Jornada Mundial por el Trabajo Decente. Como afirma la OIT, además de generar un ingreso, el trabajo decente sintetiza las aspiraciones de los individuos durante su vida laboral.

En el ámbito mundial, hay pocos indicios de que se ponga fin a la crisis del empleo. Esta crisis ha acelerado la presión sobre los salarios y las condiciones de trabajo, y ha aumentado la brecha de las desigualdades. Según datos de OIT, más de 200 millones de menores se ven obligados a trabajar como esclavos. Desde 2008 se han perdido cerca de 50 millones de empleos; 205 millones de personas viven sin empleo en todo el mundo y cada puesto de trabajo perdido representa un drama humano. Otros 870 millones —la cuarta parte de los trabajadores de todo el mundo— trabajan con empleos precarios, cuyos ingresos no les permiten superar el umbral de la pobreza en sus hogares.

 En Europa la tasa de desempleo es del 11% y los empleos precarios alcanzan ya el 20%, según datos de Eurostat. El desempleo juvenil (22’8%) es alarmante y los mismos jóvenes piensan que no hay futuro para ellos. Estos datos constatan que el mundo del trabajo y las familias trabajadoras son hoy el núcleo del descontento de nuestras sociedades. El trabajo, que es un bien fundamental para las personas, se está convirtiendo en empleo precario e indecente, que sacrifica a los trabajadores y trabajadoras al dios de la competitividad y del mercado. Las personas y sus derechos se ven sometidas a las exigencias de una economía indecente y nos hacen creer que esto es algo natural, normal y necesario.

La solución para lograr la justicia social pasa hoy, por abordar el tema del trabajo digno de manera urgente. La consecución de la meta del trabajo decente en la economía globalizada, requiere la adopción de medidas en el plano europeo e internacional. Pero constatamos que la Unión Europea no pone en el centro de sus decisiones la situación de precariedad de un enorme número de familias en la mayoría de nuestras naciones.

Ante esta situación, desde el Movimiento de Trabajadores Cristianos de Europa (MTCE) queremos hacer un llamamiento a nuestras Iglesias particulares y nacionales, y a la ciudadanía en general, para que tomemos conciencia y nos comprometamos en defender la dignidad humana; es el momento de la participación, de la política, de la responsabilidad. Los trabajadores y trabajadoras del mundo entero hemos de alzar la voz reclamando el derecho a un trabajo decente y a una vida decente. Hemos de reivindicar, desde nuestros movimientos y organizaciones, una economía al servicio de la persona, un trabajo decente y condiciones de vida dignas para todas las personas y familias. Como nos recordaba recientemente el Papa Francisco:
La sociedad no es justa si no ofrece a todos un trabajo o explota a los trabajadores. ¡El trabajo nos da la dignidad! Quien trabaja es digno, tiene una dignidad especial, una dignidad de persona. (…) “No pagar lo justo, no dar trabajo, porque sólo se ven los balances, sólo se ve cuánto provecho puedo sacar... ¡Esto va contra Dios! Las personas son menos importantes que las cosas que producen beneficio para los que tienen el poder político, social, económico”.

(Homilía del Papa Francisco. 1 de mayo de 2013)

Nos unimos a quienes reclaman una Europa con una fuerte dimensión social y urgentes políticas para reactivar la economía y la creación de empleo y empleo digno y con derechos.  


Se debe luchar por la extensión de los derechos sociales al conjunto de la población mundial (…)

Estamos dispuestos a difundir y extender una nueva mentalidad social y política. Una manera de vivir que visibilice que otro mundo, otra política y otra economía son necesarias y posibles y que ya los estamos realizando y construyendo, desde la fe en Jesucristo y su Evangelio.

Extracto de la Declaración final de la Asamblea General del Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos (MMTC). Haltern, Alemania, julio de 2013 
 



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