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Migraciones
Declaración con motivo del 98° Día Mundial del migrante y del refugiado
16 de enero de 2012

10/01/2012. Fuente: Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos. Noticia leída 290 veces.

Pongámonos a la escucha de los migrantes con los que nos cruzamos, los que viven en nuestro barrio, los que trabajan en nuestra empresa, los que se juntan con nosotros para orar y celebrar a Cristo vivo. Acerquémonos a ellos y con ellos construyamos un mundo sin fronteras en el que haya un lugar para cada cual, en el que se viva en armonía y en paz.

Suelen ser jóvenes. Se les puede ver cerca de las estaciones o en colas de espera en servicios administrativos. Están buscando información para orientarse, alojarse, alimentarse. El poco dominio que tienen del idioma local les exige un gran esfuerzo para comunicar y son pocos aquellos que se toman la molestia de pararse para contestar sus preguntas. En cambio, cuando se emprende el diálogo, cuando la confianza se sustituye al miedo, cuando se vive un mínimo de fraternidad, todo es posible y todos salimos ganando. Seguro que Uds. saben de quiénes hablamos: de los migrantes.

Con su plan de cuatro años aprobado en Nantes en octubre de 2009 y debatido en los seminarios continentales, el MMTC quiere abrir nuevas perspectivas para y con los migrantes. Ante los muros que se siguen erigiendo, tanto muros físicos como interiores, el MMTC propone construir puentes. Anuncia que un nuevo convivir es posible y ofrece a sus miembros medios para construir una verdadera fraternidad.

Llamado por el Papa Benedicto XVI, el MMTC se sitúa al lado de cuantos en este mundo creemos que cada cual puede ocupar el lugar que le corresponde, vivir con dignidad, sin importar su origen, el color de su piel, su cultura, lengua o religión. Como movimiento de trabajadores cristianos, el MMTC basa su acción en la palabra de Dios y en el pensamiento social de la Iglesia. Lo primero que propone es el encuentro y el diálogo con el migrante. ¿Quién es? ¿Qué busca? ¿A qué aspira? ¿Qué escuchamos de lo que nos dice?

Escuchamos a Salim, de Somalia: “Viví y me crié en medio de la violencia y la guerra. Ya no me sentía en seguridad en mi país debido a la discriminación y a los combates entre las distintas milicias. Decidí salir de mi país en cuanto pensé que ya no había esperanza alguna. Preferí emprender una aventura muy arriesgada, que me podía costar la vida.”

Escuchamos a Sandy, de Haití: “En toda su historia de resistencia y lucha, mi país conoció la esclavitud, invasiones de potencias extranjeras, las peores dictaduras, y pese a ello, pese a las tragedias y desdichas, siempre se amparó en nuestro Dios.”

Escuchamos a Hizni, de Iraq: “Huimos de Iraq por culpa de la guerra cotidiana que vivíamos allí. Esta guerra nos ha causado mucho sufrimiento. ¡Hemos venido a Francia para hallar la paz!”

Escuchamos a Lussiné, de Armenia: “Ya llevo cuatro años viviendo en Francia y pude aprender bastante francés, una lengua que de hecho es muy difícil de aprender. Es así que tengo muchos amigos franceses, aunque en mi corazón soy y sigo siendo armenia.”

Escuchamos a Clark, del Gabón: “Cuando uno deja atrás su infancia, sus amigos, y sobre todo su familia, es como si dejara parte de su vida. Uno no piensa enseguida en la pena que se siente. Se busca pensar en positivo durante todo el viaje, pensar que se van a vivir nuevas experiencias, descubrir otras formas de vivir, otros horizontes, y preparar bien nuestro futuro.”

Estas palabras son las de jóvenes entre 20 y 30 años.

Pongámonos a la escucha de los migrantes con los que nos cruzamos, los que viven en nuestro barrio, los que trabajan en nuestra empresa, los que se juntan con nosotros para orar y celebrar a Cristo vivo. Acerquémonos a ellos y con ellos construyamos un mundo sin fronteras en el que haya un lugar para cada cual, en el que se viva en armonía y en paz.

El Secretariado General del MMTC
 

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