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Doctrina Social de la Iglesia
Prioridad del trabajo frente al capital

13/10/2011. Fuente: HOAC. Noticia leída 397 veces.

Es un principio a tener muy en cuenta en todo sistema socio-económico. Subraya «la primacía del hombre en el proceso de producción, la primacía del hombre respecto de las cosas».

Es un principio a tener muy en cuenta en todo sistema socio-económico. Pone de manifiesto que el capital, entendido como el conjunto de medios que intervienen en la producción, es sólo un instrumento, mientras que el trabajo es el factor que ha permitido la existencia de estos medios en el transcurso de la historia y es el que los pone en funcionamiento en un momento determinado. Subraya “la primacía del hombre en el proceso de producción, la primacía del hombre respecto de las cosas”.

CAPITAL-TRABAJO-PROPIEDAD

En el trasfondo de la relación entre capital y trabajo está el tema de la propiedad. La doctrina social ha defendido el derecho a la propiedad privada. Siempre ha tenido una postura crítica frente al colectivismo, al mismo tiempo que se ha mantenido distante en relación al capitalismo liberal. La tradición cristiana no ha considerado el derecho a la propiedad privada como algo absoluto e intocable. Lo ha entendido en el contexto más amplio del derecho común de todos a usar los bienes creados, “el derecho a la propiedad privada como subordinado al derecho al uso común, al destino universal de los bienes”.
Desde la perspectiva de la prioridad del trabajo lo que hay que procurar es que los frutos de la labor realizada por la persona estén a su servicio y al de los demás, que ella tenga la posibilidad de sentirse corresponsable y coartífice del proceso de producción. Es decir, que se pueda sentir como “autor, el centro y el fin de toda la vida económico-social”.

POR RESPETO AL PRÓJIMO

A la luz de lo expuesto acerca del trabajo humano podemos comprender por qué Juan Pablo II nos lo presenta como una obligación. “El hombre debe trabajar bien sea por el hecho de que el Creador lo ha ordenado, bien sea por el hecho de su propia humanidad, cuyo mantenimiento y desarrollo exigen el trabajo. El hombre debe trabajar por respeto al prójimo, especialmente por respeto a la propia familia, pero también a la sociedad a la que pertenece, a la nación de la que es hijo o hija, a la entera familia humana de la que es miembro, ya que es heredero del trabajo de generaciones y al mismo tiempo coartífice del futuro de aquellos que vendrán después de él con el sucederse de la historia”.
Por ello, toda la sociedad debe sentirse vivamente comprometida en la lucha contra el desempleo.

 

 El artículo en la revista Diócesis núm.732 pág.5 (pdf, 8 Mb)

  

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