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Doctrina Social de la Iglesia
El trabajo al servicio de la persona

01/10/2011. Fuente: HOAC. Noticia leída 359 veces.

La "Laborem exercens" resalta el trabajo como una dimensión esencial en la existencia de la persona. Conviene aclarar que cuando se habla de trabajo en este documento no se refiere sólo al trabajo remunerado, sino a toda clase de trabajo: manual, intelectual, social, doméstico, apostólico…

La "Laborem exercens" resalta el trabajo como una dimensión esencial en la existencia de la persona. Conviene aclarar que cuando se habla de trabajo en este documento no se refiere sólo al trabajo remunerado, sino a toda clase de trabajo: manual, intelectual, social, doméstico, apostólico…

Otra aportación importante de esta encíclica es la distinción que hace entre trabajo en sentido objetivo y trabajo en sentido subjetivo. Esta diferenciación es clave para orientar la vida socioeconómica.
Considerar el trabajo en sentido objetivo es verlo desde la perspectiva de qué se realiza y cómo se realiza. A lo largo de la historia, la técnica –que es fruto del trabajo humano– ha ido adquiriendo un papel cada vez más relevante, al ir produciendo un conjunto de instrumentos que han facilitado el trabajo humano.

SISTEMA PRODUCTIVO

El trabajo en sentido subjetivo, es considerado desde la perspectiva de quién lo realiza. La técnica tiene un valor instrumental, pero quien pone en marcha el sistema productivo es la persona, “el primer fundamento del valor del trabajo es el hombre mismo, su sujeto”. De aquí se extrae una conclusión ética fundamental: “la supremacía del trabajo subjetivo sobre el trabajo objetivo", lo cual nos lleva a considerar que el trabajo debe estar en función del hombre y no el hombre en función del trabajo. Lo que dignifica
al trabajo no es el producto resultante, sino aquél que lo realiza.

UNA MERCANCÍA MÁS

Lo que ocurre es que se ha producido una inversión del justo orden de valores. Se considera al trabajo como una mercancía más, una anónima fuerza necesaria para la producción. El hombre es visto como un instrumento de producción cuando “debería ser tratado como sujeto eficiente y su verdadero artífice y creador”, en línea con lo que nos plantea Gn 1,28.
La Iglesia ha encontrado justificada la reacción social frente a la explotación y la degradación de las condiciones de trabajo. Ha valorado de forma positiva el movimiento de solidaridad que se ha producido entre los trabajadores.
“Esta solidaridad debe estar siempre presente allí donde lo requiere la degradación social del sujeto del trabajo, la explotación de los trabajadores, y las crecientes zonas de miseria e incluso de hambre”.

 

 El artículo en la revista Diócesis núm.731 pág.5 (pdf, 9 Mb)

  

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