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Doctrina Social de la Iglesia
30 años de la «Laborem exercens»: referencia de la DSI

14/09/2011. Fuente: HOAC. Noticia leída 941 veces.

El 14 de septiembre de 2011 celebramos el 30 aniversario de la publicación de la "Laborem exercens", que constituye la "Carta Magna del Trabajo", concebido éste como clave esencial de toda la cuestión social.

Castel Gandolfo, Italia, 5 septiembre 2011 (Ecclesia) - En la oración del Ángelus, en la residencia pontificia de Castel Gandolfo, cerca de Roma, Benedicto XVI afirmó este domingo que la Encíclica sobre el trabajo "Laborem exercens", escrita hace 30 años por su predecesor, el Papa Juan Pablo II, es uno de los pilares de la Doctrina Social de la Iglesia.

El documento, firmado el 14 de septiembre de 1981, tiene consideraciones sobre "el conflicto entre trabajo y capital", sobre los derechos de los trabajadores, presenta elementos para una "espiritualidad" en el mundo del trabajo y subraya la importancia de la actividad profesional en el crecimiento humano individual y colectivo.

La "Laborem Exercens", fue publicado en el 90º aniversario de la encíclica "Rerum novarum "(1891) que el Papa León XIII dedicaba a la situación de los trabajadores, y es señalado como el primer documento de la Iglesia Católica dedicado íntegramente a la realidad del trabajo.


"LA IGLESIA Y EL TRABAJO A LOS 30 AÑOS DE LABOREM EXERCENS"

 La encíclica Laborem exercens, del Papa Juan Pablo II, tercera encíclica suya y publicada con ocasión del 90 aniversario de la Rerum novarum -15 de Mayo 1891-, aunque por razón del atentado sufrido por el Papa, dos días antes, el 13 de Mayo, no pudo ser dada a conocer hasta cuatro meses después, el 14 de Septiembre de 1981, constituye la "Carta Magna del Trabajo", concebido éste como clave esencial de toda la cuestión social.

Está centrada monográficamente, como lo indica su título, en el trabajo. Es un verdadero tratado, denso y profundo, de antropología cristiana, mejor dicho, cristocéntrica, del trabajo, entendido como "toda actividad humana en el mundo", desde la actividad manual a las actividades intelectuales, en sus múltiples facetas, y a las actividades de organización y de dirección sin excluir las funciones insustituibles de la madre en la familia.

La encíclica parte del hombre, como sujeto activo y responsable del trabajo. El principio de la subjetividad del trabajo -el hombre sujeto- es el hilo conductor de todo el desarrollo de la encíclica.

Este hombre, sujeto del trabajo, no es considerado en abstracto, como ser genérico o ente colectivo, ni como un ser autónomo, autosuficiente, individualista e insolidario, sino como persona, en su única e irrepetible individualidad, como ser histórico, social y solidario, creado por Dios, herido por el pecado y redimido por Jesucristo. A este hombre se dirigen las preocupaciones, los afanes y el amor de la Iglesia, como "el camino primero y fundamental".


La encíclica, desde esa perspectiva antropológica, con visión histórica global y realista, adopta una postura de radicalidad lúcidamente crítica frente a las ideologías sociales dominantes en aquellos años: el liberalismo capitalista y el socialismo marxista. La personalidad de Juan Pablo II le hace diferente de sus predecesores por su nacionalidad y su experiencia. Conoce por experiencia el colectivismo y el capitalismo.

En el fondo, la encíclica no trata de defender ni de condenar sistemas e ideologías, sino de afirmar la plena verdad del hombre, en su existencia personal y, a la vez, comunitaria y social, desde el núcleo primigenio de la familia, pasando por las sociedades intermedias y la propia nación, hasta comunidad mundial.

Es un documento de síntesis, que integra las experiencias sociales y económicas del Occidente desde cuya óptica habían sido escritas las encíclicas sociales anteriores, con las experiencias de los países del Este -y, también de los del Tercer Mundo- y que se refleja en posiciones más realistas y matizadas ante ciertas formas de propiedad colectiva de los bienes de producción, pero sin dejar de tener en cuenta los avances sociales introducidos en las empresas capitalistas de los Estados más evolucionados -tales como las formulas de "copropiedad", participación en la gestión y en los beneficios, "accionariado de trabajo ...-.

La encíclica, con sentido realista, pone de relieve los condicionamientos para la estipulación del contrato de trabajo que derivan de instancias externas y superiores a la empresa -el Estado, los sindicatos y las organizaciones empresariales, las empresas multinacionales y transnacionales, las relaciones comerciales..- a quienes llama, con expresión original "empresario directo".

Aborda, no podía ser de otra manera, los problemas de la actualidad laboral, siguiendo la línea argumental trazada del trabajador como sujeto activo del trabajo: desempleo, salario justo y prestaciones de la seguridad social, función de los sindicatos, trabajo agrícola, los minusválidos y el trabajo, los trabajadores emigrantes, trabajo y familia, trabajo y sociedad. Y termina con un capítulo sobre la espiritualidad del trabajo.

Es una encíclica escrita con visión histórica de largo alcance -sin dejar de tener delante las realidades actuales-.

En resumen: Laborem exercens es el "Evangelio del Trabajo", la "Buena Nueva" del trabajo, un mensaje liberador para los hombres y mujeres del trabajo, para toda la humanidad trabajadora.


 Encíclica Laborem exercens

 

Más información: http://sobreeltrabajohumano.blogspot.com/p/la-iglesia-y-el-trabajo-los-30-anos-de.html
 

 

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