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Navidad: Purificar nuestra fe
José Sánchez Luque

30/11/2009. Fuente: José Sánchez Luque. Noticia leída 408 veces.

¡Que las luces artificiales y la música de la Navidad no nos impidan escuchar las llamadas del Dios débil y verdadero!

            No carecía de razón el filósofo Nietzsche cuando proclamaba que Dios ha muerto. Pero el Dios que ha muerto para el alemán no es el Dios de Jesús de Nazaret, el que se hizo hombre en la primera Navidad. Ha muerto el Primer Principio de la metafísica clásica, el Ser Supremo, causa del universo material y que requiere una disciplina especial, llamada teodicea, que trata de justificar la existencia de ese Dios frente al mal del mundo. Ha muerto el Dios terrible y cruel de Saramago. La tradición judía y la cristiana, desde sus comienzos, se dejaron contaminar por las filosofías imperantes y habían revestido al Dios de Jesús con los atributos propios de las culturas, las religiones y las ambiciones de cada época. Hemos de vivir la actual crisis religiosa como una nueva oportunidad histórica para la purificación de nuestra fe en Dios.

 

            Pienso que cuantos mayores son las dificultades para encontrarnos con Dios, tanto mayores son las posibilidades de hacerlo correctamente. Después de tantos siglos de gloriosas claridades, estamos llamados a descubrir el permanente carácter escondido de Dios. Unidos al gran místico alemán, el Maestro Eckart, deberíamos “rogar a Dios para que nos vacíe de Dios”, esto es, de nuestras imágenes de Dios. El paso del tiempo nos ha erosionado creencias y vivencias. Pero Dios retorna en cada Navidad para desenmascarar nuestras pretensiones totalitarias y exigirnos que renunciemos a nuestras ambiciones. Dios vuelve, enfrentándose a los ídolos históricos que fabricamos los seres humanos y reclamando solidaridad y justicia para las victimas del sistema: empobrecidos, marginados, excluidos sociales y religiosos, inmigrantes, etc. Vuelve en Navidad un Dios débil, que no descarga la responsabilidad y el protagonismo humano, sino que los refuerza.

 

            Acojamos a ese Dios inoportuno que nos saca de nuestras comodidades, que nos lanza a la lucha por la justicia, por la paz, por la ecología, a cargar la cruz de la incomprensión y hasta del martirio. Desgraciadamente, la mayoría de las personas religiosas de nuestra sociedad, incluso muchos de nuestros dirigentes eclesiásticos, podemos seguir teniendo miedo a un Dios así que nos sale al encuentro de un modo tan inadecuado.

 

¡Que las luces artificiales y la música de la Navidad
no nos impidan escuchar las llamadas del Dios débil y verdadero!

                                 ¡Felices y purificadoras fiestas 09 -10!

 

(Texto inspirado en el libro de Javier Vitoria:

No Hay territorio comanche para Dios”.

Ediciones HOAC. Madrid, 2009.)

 
José Sánchez Luque
Villanueva del Algaidas
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