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Pastoral Obrera
El amor de Jesucristo nos apremia
Carta pastoral del Obispo de M√°laga

02/03/2008. Fuente: Pastoral Obrera M√°laga. Noticia leída 595 veces.

Carta pastoral del Obispo de Málaga, D. Antonio Dorado con motivo del 8 de marzo, día internacional de la mujer trabajadora.

El 8 de marzo se cumplen 100 a√Īos del levantamiento y de la tremenda represi√≥n de un grupo de mujeres trabajadoras en la ciudad de Nueva York. Al celebrar nosotros, un siglo despu√©s, el D√≠a de la Mujer Trabajadora, que nos recuerda aquella gesta de rebeld√≠a y de injusticia, tenemos que renovar nuestros esfuerzos a favor de la leg√≠tima igualdad. ¬ęEs verdad que las mujeres en nuestro tiempo han dado pasos significativos, dec√≠a Juan Pablo II en su mensaje del d√≠a 1 de Enero del a√Īo 1995 (¬Ö), logrando estar presentes en niveles relevantes de la vida cultural, social, econ√≥mica, pol√≠tica y obviamente, en la vida familiar¬Ľ.

Ha sido un camino duro, dif√≠cil y complicado, en el que han estado y tratan de estar presentes tambi√©n numerosos cristianos, pero no nos podemos sentir satisfechos de lo que se ha conseguido. Si centramos la mirada en la sociedad espa√Īola, descubrimos problemas muy serios, como la diferencia de salario ante igual trabajo, el hecho de que la pobreza hoy tenga rostro de mujer joven, la infravaloraci√≥n injusta de las amas de casa, la dificultad de compaginar el trabajo con la maternidad y la mayor tasa de paro entre las mujeres.

Ciertamente son cuestiones muy graves y dignas de atenci√≥n, pero todav√≠a es m√°s dolorosa la situaci√≥n de esas mujeres inmigrantes que han sido tra√≠das con enga√Īo a nuestra tierra y ahora est√°n esclavizadas por las redes de prostituci√≥n. Como dec√≠a tambi√©n el papa Juan Pablo II en el citado mensaje, ¬ęmuchas mujeres, debido especialmente a condicionamientos sociales y culturales, no alcanzan una plena conciencia de su dignidad. Otras son v√≠ctimas de una sociedad materialista y hedonista que las considera un puro instrumento de placer y no duda en organizar su explotaci√≥n a trav√©s de un infame comercio, incluso a una edad muy temprana. A ellas se ha de prestar atenci√≥n especial por parte de aquellas mujeres que, por educaci√≥n y sensibilidad, son capaces de ayudarlas a descubrir la propia riqueza interior. Que las mujeres ayuden a las mujeres, sirvi√©ndose de la valiosa y eficaz aportaci√≥n que asociaciones, movimientos y grupos, muchos de ellos de inspiraci√≥n religiosa, han sabido ofrecer para este fin¬Ľ.

Son cosas que suceden diariamente a nuestro lado. Y aunque su condición no sea tan triste, tampoco podemos olvidar a aquellas que se tienen conformar con unas condiciones laborales injustas, porque no tienen su documentación en regla y no se pueden defender. Todo ello, entre nosotros, que dentro de la actual situación del mundo somos privilegiados, porque todavía es más dura la situación de la mujer trabajadora, y las amas de casa lo son, en los países en vías de desarrollo y en los pueblos empobrecidos.

Para nosotros, los seguidores de Jesucristo, estas situaciones constituyen auténticas llamadas de Dios, ya que la defensa y la promoción de los derechos humanos es un aspecto integrante del Evangelio que nos salva. El amor fraterno nos apremia a implicarnos en todo lo que esté a nuestro alcance, por muy insignificante que pueda parecer nuestra aportación. Jesucristo sigue siendo nuestra luz y nuestra fuerza, pues nos revela la inviolable dignidad de la persona y nos invita a descubrir su rostro en los pisoteados, en los discriminados, en los maltratados y en los que necesitan ayuda.

Por eso, agradezco a los hombres y mujeres de la HOAC y de Pastoral Obrera su labor y los aliento a que sigan invitando a celebrar el Día de la Mujer Trabajadora; y a que sean, en nuestras comunidades, la voz profética que denuncia la discriminación de la mujer, que nos recuerda la doctrina social de la Iglesia y que pone en marcha todas las iniciativas que les dicta el Espíritu Santo.

+ Antonio Dorado Soto, Obispo de M√°laga

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