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Laboral
Compañeras coraje
Las mujeres en la lucha de Delphi. Artículo de José Luis Palacios

09/09/2007. Fuente: Noticias Obreras. Noticia leída 499 veces.

Han estado al lado, a veces, incluso por delante, de sus maridos, los trabajadores de Delphi. Desde el primer día se han involucrado en el conflicto, para poner el coraje y la esperanza necesarias con tal de no desfallecer ante el desafío lanzado por la multinacional estadounidense.

El 22 de febrero el cielo de la Bahía de Cádiz volvió a desplomarse sobre sus habitantes. La única gran empresa privada de la zona, la fábrica de componentes de la automoción de la firma Delphi, anunciaba su decisión irrevocable de cerrar.

Elvira, funcionaria del Ayuntamiento de Puerto Real, mujer de un trabajador con casi 20 años de estancia en la empresa recuerda el momento en que se dio de bruces con la dura realidad: «Me lo dijeron unos compañeros de trabajo y pensé que estaban de broma. Llamé a casa pero mi marido no estaba. Luego se confirmó la noticia y fue como si estuviéramos viviendo una pesadilla».

Muy parecida fue la impresión que tuvo Luisa, mujer de otro trabajador: «Mi marido estaba en el hospital, le acaban de operar en el oído. En una de las visitas, se lo contaron. Al principio se te cae el mundo». Fue Rosario la que le dio la mala noticia a su marido: «Había venido de trabajar a las siete de la mañana y no sabia nada. Le desperté y creyó que había ocurrido algo malo en la familia, se asustó muchísimo. Me dijo que si otra vez tenía que despertarlo para decirle algo así, que no lo hiciera de esa manera».

En parecidos términos se expresan otras mujeres. Marisol, confiesa que creyó que era «mentira», mientras que Isabel pensó que era «imposible». Yolanda admite que se quedó «muda». No era para menos. De golpe y porrazo, casi cinco mil familias (1.600 trabajadores directos y 3.000 indirectos) se habían quedado sin futuro, en una zona especialmente castigada por el desempleo. De un día para otro, uno de los pocos motores económicos que quedaban en activo, programaba su apagón.

No quedarse solos

El conflicto no podía ceñirse a un problema entre los trabajadores y la empresa. El sostén de miles de familias estaba en el aire. «En el momento en que se habla de cierre, está claro que el problema era de la pareja y de la familia», declara Elvira. Su compañera Rosario también tuvo la misma sensación, es más, su hijo, que aquel día volvía del trabajo con la orden de trasladarse a Málaga salió con que «no quería dejarles solos».

Las mujeres hicieron de la lucha contra la decisión empresarial su causa más importante en esos momentos. No se contentaron con asumir un papel secundario, con respaldar a sus maridos, con curar las heridas y con escuchar lamentos, sino que pasaron a la primera línea de batalla. «Desde el momento en que Juan Antonio me confirmó que era cierto lo que acababa de escuchar, le hice saber que este problema era de los dos y que juntos lo fiamos a afrontar», reconoce Isabel.

El mismo día en que se conoció la noticia, las mujeres de los trabajadores de Delphi, abrieron su propia vía para expresar su rabia y mantener el ánimo. De un modo natural se reunieron en la plaza del Ayuntamiento de Puerto Real, donde iba a pronunciarse el pregón del Carnaval. «No hablamos con nadie, simplemente nos echamos a la calle y ya está», explica Yolanda, con la que coinciden tanto Marisol («fue un poco espontáneo» ), como Isabel («espontáneo y totalmente personal»).

En las fechas siguientes, se fueron sumando muchas más. «Vi a unas compañeras en el consultorio al que había ido para que le quitaran los puntos de la operación a mi marido y me fui con ellas para ver qué se podía hacer», aclara Luisa, que como Rosario y Elvira no estuvieron en la plaza el día del pregón. Llegaron después y no se separaron ya de sus compañeras.

Desde entonces hasta el 19 de junio, el conocido como Colectivo de Mujeres de los Trabajadores de Delphi, protagonizó una marcha diaria desde Puerto Real hasta las puertas de la fábrica, en la carretera N 443. La última de ellas acabó con un corte de tráfico al que se sumaron los trabajadores que todavía tenían ganas de salir a recibirlas.

Fuertes e incómodas

Hay algo en su modo de protestar, de expresarse e incluso de interpelar a políticos, sindicalistas y empresarios que se sale del guión habitual de las protestas laborales. Quizás sea por la razón que da Elvira: «Nuestra lucha es muy diferente a la de los hombres, ellos luchan bajo el sindicato y la política, nuestra lucha es más limpia y más fuerte».

«Desde el momento en que Juan Antonio me confirmó que era cierto lo que acababa de escuchar, le hice saber que este problema era de los dos y que juntos lo íbamos a afrontar» reconoce Isabel

El caso es que se han constituido en una fuerza independiente, que desde fuera de las negociaciones, al margen de los encuentros y desencuentros, sacuden las conciencias de los implicados y muestran a las claras la importancia de lo que está en juego.

Como dice Yolanda, «nos temen, porque hemos demostrado que no nos doblegamos ante nadie y vamos a donde tengamos que ir». Y lo confirma Isabel, «han visto que no tenemos reparo en defender nuestras ideas, diciendo lo que pensamos y a quienes sea necesario. Exigimos y pedimos soluciones y, claro, eso parece ser que incomoda»

El colectivo de mujeres ha desplegado una actividad frenética, cuyo epicentro se encontraba en el local cedido por el propio Ayuntamiento. Han sido puntuales con su cita diaria en la carretera donde está la fábrica, se han convertido en las sombras del presidente de la Junta de Andalucía y del presidente del Gobierno, han estado en todas las manifestaciones, grandes o pequeñas, e incluso, cuando ha hecho falta, han vigilado las instalaciones de Delphi por las noches.

Muchos son los sorprendidos ante su entereza». Hay muchos hombres que habían subestimado nuestra fuerzas», espeta Isabel, y completa Marisol: «están impresionados de ver nuestro coraje en esta lucha». Para Luisa, es evidente que si los hombres y los representantes de los trabajadores «no han tirado la toalla, ha sido porque estábamos detrás».

Encuentros y desencuentros

Al escribir esta crónica, el horizonte sigue ensombrecido. El tiempo ha pasado sin responder a las incógnitas. La parte empresarial se hará más fuerte si cunde el desánimo, aparecen las divisiones y se van cumpliendo los plazos judiciales. Sobre la mesa sigue el Expediente de Regulación de Empleo, presentado por la dirección como parte del proceso de disolución de la empresa. El preceptivo plan social que debía acompañarlo no estaba definido, ni mucho menos consensuado con los representantes de los trabajadores.

«Hay algo en su modo de protestar, de expresarse e incluso de interpelar a políticos, sindicalistas y empresarios que se sale del guión habitual de las protestas laborales»

Los sindicatos se debaten entre aceptar el cierre para arrancar mejoras en las indemnizaciones y salvar parte de los muebles del naufragio o apostar a lo grande por el mantenimiento de la actividad, confiando en que lleguen vientos propicios. Están dispuestos a negociar el Expediente de Regulación de Empleo, si éste es sólo temporal. Así se ganaría tiempo, pero nadie garantiza que la solución foral sea satisfactoria para los trabajadores.

En opinión de Elvira, «los sindicatos están haciendo lo que pueden, pero si están ahí es porque los han elegido los trabajadores». Yolanda y Marisol comparte esta visión y en general se muestran conforme con la gestión del Comité de Empresa. No así Isabel: amo entiendo la forma de llevar a cabo esta lucha. Me gustaría ser más paciente y más crédula, pero veo que pasan los días y la solución se alarga cada vez más».

Antonia sale de su anonimato para dejar clara su postura: «El Colectivo de Mujeres hemos puesto todas las fuerzas y todas las ganas que tenemos, pero no podemos darle la solución. Eso se lo tiene que dar quien se lo tiene que dar». A su entender, están dando por hecho que Delphi cierra, al aceptar negociar el expediente.

A pesar del desgaste sufrido en los viento», meses de movilización, aún le quedan fuerzas para seguir. Son hijas, hermanas, primas de otros obreros que ya pasaron por experiencias parecidas, cuando lo de los astilleros. Vienen de una tradición obrera de luchas, por mucho que no siempre hayan resultado exitosas. Ahora les ha tocado a ellas de lleno.

Se quejan de que el apoyo no basta, porque «con el apoyo no se come». Son conscientes de que si no media nada, ni nadie, las únicas nóminas que van a cobrar sus maridos serán la de junio y la extra de julio. Quieren realidades, o «las palabras se las lleva el viento».

Contra el destino

No se van a rendir fácilmente. Como dice Isabel, gestamos jugando una partida con las cartas que nos ha dado el destino y no vamos a levantarnos de la mesa». El resultado de las movilizaciones y las negociaciones aún está por verse. De lo que no hay duda es que esta experiencia marcará la historia moderna de la Bahía y dejará una huella imborrable en estas mujeres y en sus hombres.

Por lo pronto, han aprendido, en palabras de Isabel, que toro tiene importancia el tamaño de las dificultades, ni los problemas que tengas. Nosotros podemos hacerles frente, si actuamos unidos, con la fe y la constancia como bandera». En el futuro podrán recordar que hubo un tiempo en que la solidaridad y la unión fueron más que simples palabras, en que las mujeres de los trabajadores de Delphi se convirtieron en compañeras coraje.

«Se quejan de que el apoyo no basta, porque "con el apoyo no se come". Son conscientes de que si no media nada, ni nadie, las únicas nóminas que van a cobrar sus maridos serán la de junio y la extra de julio»

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