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Laboral
La reconversión digital
Despidos en Ros Fotocolor. Artículo de José Luis Palacios

09/09/2007. Fuente: Noticias Obreras. Noticia leída 620 veces.

La era digital está acabando con la fotografía tradicional. Los trabajadores del laboratorio fotográfico Ros Fotocolor lo saben bien. Se han visto obligados a aceptar el despido de 90 trabajadores, la mayoría de sus centros de Madrid y Málaga.

Ros Fotocolor es la única empresa dedicada a la fotografía tradicional que presta servicio a todo el territorio español. Todavía cuenta con 2.500 clientes entre las tiendas de fotografía de todo el país. En página web destacan que «hace más de cuarenta años Ros Fotocolor, S.L. inició su andadura como laboratorio de fotoacabado en España. Actualmente es el laboratorio fotográfico industrial con más prestigio en el mercado fotográfico español».

Según la información corporativa son «líderes indiscutibles de la industria de fotoacabado en nuestro país, tanto en productos para el aficionado como para el profesional». Sus tres centros de revelado se encuentran en Sabadell (Barcelona), Madrid y Alhaurín de la Torre (Málaga), aunque cuenta con pequeñas delegaciones en lugares como Bilbao y Valladolid.

La dirección planeaba despedir a 90 trabajadores de toda España, fundamentalmente de Madrid y Málaga, ante la delicada situación que atravesaba. A nadie se le escapa que no corren buenos tiempos para la fotografía tradicional, ante el empuje de la digital. Sin embargo, los trabajadores se quejaron de que tuvieran que ser ellos los que se llevaran la peor parte ante la incapacidad de la dirección para adaptarse a los nuevos tiempos.

En un primer momento, CC.OO. y los trabajadores de la empresa se opusieron al expediente de extinción de empleo, entre otras cosas porque desde hace tres años, la dirección viene acometiendo una reconversión que costó 65 empleos. Además, la empresa no estaba dispuesta a mejorar las indemnizaciones mínimas previstas por ley para los despidos.

El sindicato denunció que el director de la división malagueña había elaborado la lista de trabajadores que iban a ser despedidos incluyendo a los que habían discutido con él anteriormente o estaban de baja. Entre otros, a cuatro mujeres con reducción de jornada por tener menores a su cargo.

Los trabajadores expresaron su indignación ante «la poca sensibilidad, la frialdad y la falta de respeto» en la forma de comunicar un despido a personas con más de 30 años de antigüedad en la empresa, quienes han contribuido con mucho sacrifico a crear la riqueza de los hermanos Ros, que ya no están en la compañía, y de los actuales dirigentes.

En todo caso, reprochaban a la dirección y a los propietarios que pretendieran echarles «a la calle con una miseria y cargar sobre nuestras espaldas la responsabilidad de que si no aceptamos la empresa cerrará». En medio del conflicto, los trabajadores de Málaga denunciaron que los ejecutivos habían repartido una circular en la que acusaban al comité de ser el responsable de la situación, alertando de las consecuencias negativas que podía tener este rechazo a su expediente de regulación de empleo, lo que fue interpretado por los empleados despedidos, como un intento de la dirección para dividir a la plantilla.

Algo muy injusto si se tiene en cuenta los sacrificios que estos trabajadores vienen haciendo para asegurar la viabilidad del proyecto empresarial. De hecho, Víctor Garrido, que en nombre de CC.OO. ha tenido que llevar las negociaciones con la dirección, asegura que la apuesta del sindicato desde un primer momento era apoyar la reconversión a las técnicas digitales y conseguir indemnizaciones justas para los trabajadores sacrificados.

No era nada fácil, «la empresa lleva descapitalizada muchos años, con las nuevas tecnologías había mucha gente parada y corríamos el riesgo de que la empresa cerrara», confiesa Garrido. Por ejemplo, en Alhaurín de la Torre, el terreno y las instalaciones que un día cobijaron a 110 trabajadores, ya no son propiedad del laboratorio Ros. Además, las autoridades laborales estaban dispuestas a dar por bueno las razones esgrimidas para presentar el Expediente de Extinción de Empleo.

En Madrid y Málaga, los trabajadores comenzaron a movilizarse por un despido justo. Desgraciadamente, en el curso de la protesta el presidente del comité de empresa de Madrid falleció a causa de un infarto de corazón. «Nunca se puede saber hasta qué punto el conflicto pudo ser la causa, porque es cierto que el hombre no andaba bien de salud últimamente, pero sí que algo pudo influir», reconoce Garrido.

Finalmente, el sindicato consiguió reducir la lista inicial de despedidos de 90 a 83, aumentar las indemnizaciones en un 1,4 millones de euros a repartir proporcionalmente a la antigüedad de los despedidos y crear una bolsa de trabajo para que en caso de que la empresa necesite hacer nuevas contrataciones en los próximos dos años se llame primero a los que han salido de la empresa.

La destrucción de empleo no puede ser recibida como una buena noticia, aunque al menos parece que en este caso no se ha perdido todo lo que estaba en juego. La dirección ha actuado con arbitrariedad al confeccionar las listas de despedidos, se ha mostrado muy rácana a la hora de compensar debidamente a los trabajadores y familias que tanta atención le han dedicado, si bien, finalmente ha optado por mejorar en parte su dura postura inicial.

No se puede decir que los trabajadores y el sindicato no hayan puesto todo de su parte por salvar la empresa. Parecía claro que ante las evidencias, no se podía mantener una posición de fuerza que acabara con la quiebra de la empresa y destruyera todos los puestos de trabajo. Lamentablemente, las reconversiones las pagan los trabajadores, mientras que los directivos que no supieron adelantarse a la crisis, probablemente, no tengan más problemas para emprender nuevas aventuras empresariales.

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