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Para la reflexión
Generación posmoderna
Artículo de Frei Betto

17/06/2007. Fuente: alainet.org. Noticia leída 489 veces.

La posmodernidad no niega la modernidad, sino que más bien celebra sus conquistas, como el positivismo inherente a las ciencias, la razón tecnocientífica para pontificar sobre la intuición y la inteligencia, el triunfo del capitalismo en sus versiones neoliberal y, ahora, neofascista, contraponiendo, por vía de la guerra, el fundamentalismo económico -el capital como valor supremo- al fundamentalismo religioso.

Ante el darwinismo socioecon√≥mico, la cultura se sumerge en una crisis profunda. Los valores monetarios del mercado se sobreponen a los valores morales de la √©tica. Se silencian los grandes relatos, se desacelera la historia como proceso, agonizan las ideolog√≠as cr√≠ticas. El futuro retrocede ante el imperativo de perennizaci√≥n del presente. Todo se congela en esa idea absurda de que la vida es ¬ęaqu√≠ y ahora¬Ľ. La vejez es vista como enfermedad y la muerte como abominaci√≥n. La felicidad queda reducida a la suma de placeres, y los bienes finitos son m√°s codiciados que los infinitos.

Se sabe lo que no se quiere, no lo que se quiere. Las utop√≠as se cayeron con el muro de Berl√≠n. Mayo del 68 no logr√≥ expandirse m√°s all√° de las fronteras del cuerpo liberado del peso de la culpa. Los proyectos revolucionarios quedaron como la foto del Che, colgada en la pared o serigrafiada en una camiseta. ¬ęHay tiempos en que ni los santos est√°n a la altura / de la medida de la maldad. / Hay tiempos en que son los j√≥venes los que enferman. / Hay tiempos en que est√° ausente el encanto. / Y hay moho en las sonrisas. / Y s√≥lo el azar extiende los brazos / a quien busca abrigo y protecci√≥n¬Ľ, canta Renato Russo.

Hegel nos ense√Ī√≥ a pensar la realidad y su disc√≠pulo Marx a transformarla. Se olvidaron de la ense√Īanza b√≠blica de que es necesario cambiar el coraz√≥n de piedra en coraz√≥n de carne. Lo nuevo, en la ciencia y en la t√©cnica, no hace nuevo el coraz√≥n humano, asolado ahora por el sentimiento de impotencia, de fatalismo, de cinismo. Es la cultura del gran vac√≠o respirada por los j√≥venes de hoy. Caminan de Prometeo a Narciso y, en medio del camino, dejan al margen el hero√≠smo de S√≠sifo. No les importa que la piedra ruede monte abajo, les importa disfrutar de la vida.

Rendidos ante las exigencias de construir algo nuevo, olvidados Hegel y Marx, los cambios hist√≥ricos so√Īados por mi generaci√≥n del 68 ahora se reducen al cuerpo, a la moda, a los gestos y caprichos individuales. En los escaparates la literatura libertaria es sustituida por esoterismo, astrolog√≠a y autoayuda. Puesto que la sociedad es inmutable, hay que disfrutarla. Y ya que no se puede cambiar el mundo, al menos hay que encontrar terapias literarias que sirvan de ant√≠doto contra un profundo sentimiento de frustraci√≥n y derrota.

En su ansia por eternizar el presente se buscan artificios que prolonguen la vida: ejercicios, dietas, vitaminas, cirug√≠as est√©ticas¬Ö Urge mantenerse eternamente joven. Vejez, arrugas, obesidad, canas, m√ļsculos fl√°cidos, p√©rdida del vigor juvenil y de belleza f√≠sica: he ah√≠ los fantasmas que asustan al alma l√ļdica, lujuriosa, de quien no sabe qu√© rumbo imprimir a la existencia. Como pregona el Manifiesto Hedonista (E. Guisan 1990), ¬ęel goce es el alfa y la omega, el principio y el fin¬Ľ.

Se privatiza el existir, se encierra en un individualismo que se jacta de su indiferencia ante los dramas ajenos, y predomina la insensibilidad ante las cuestiones colectivas. La ética cede el lugar a la estética. La política es mirada con disgusto, y la vida como un videoclip anabolizado por el dinero, la fama y la belleza.

Surge la primera generaci√≥n sin culpa, despolitizada de compromisos, repleta de j√≥venes aburridos, esc√©pticos, insatisfechos, fragmentados. Generaci√≥n con una reducida capacidad de asombrarse, de entusiasmarse, de comprometerse. Una generaci√≥n desencantada. ¬ęVivo en el n√ļmero siete, / calle Melancol√≠a, / quiero mudarme hace a√Īos / al barrio de la alegr√≠a. / Pero siempre que lo intento / ha salido ya el tranv√≠a / y en la escalera me siento / a silbar mi melod√≠a¬Ľ (J. Sabina).

Ahora cada cual tiene su verdad y nadie se incomoda con la verdad del otro. Ni se deja cuestionar por ella. El diálogo cara a cara es descartado a favor del diálogo virtual por Internet, en que cada participante puede fingir lo que no es y disfrazar su baja autoestima. En las relaciones personales se invierte el itinerario de mi generación, que iba del amor al sexo; ahora se va del sexo al sexo, con la esperanza de que quizás surja el milagro del amor.

En este nebuloso mundo posmoderno la visi√≥n queda oscurecida. Se pierde la dimensi√≥n del bosque, se ve apenas uno que otro √°rbol. Por eso se indigna uno con la violencia urbana y se clama por la reducci√≥n de la mayor√≠a de edad penal y por la pena de muerte. ¬ŅQui√©n se indigna contra la violencia estructural de una naci√≥n que condena a millones de j√≥venes a la desescolarizaci√≥n precoz y al desempleo?

Sirva de (mal) ejemplo la Justicia de Bush, que conden√≥ a cien a√Īos de c√°rcel al soldado que, en Iraq, estupr√≥ y mat√≥ a una joven de 14 a√Īos. Pero mientras tanto una lluvia de bombas ¬ęmade in USA¬Ľ segaba la vida de 700 mil iraqu√≠es, sin distinguir inocentes, ni√Īos o ancianos. ¬ŅQui√©n responder√° por tanta atrocidad?

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