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XXVII Aniversario de la muerte de Oscar Romero
Oscar Romero fue asesinado mientras oficiaba una misa en la tarde del 24 de marzo de 1980

23/03/2007. Fuente: . Noticia leída 596 veces.

El Salvador vivió una guerra de doce años, entre 1980 y1992, que dejó como saldo más de 75 mil personas asesinadas y 8 mildesaparecidos.

"Hay que volver a una praxis, la de la misericordia, señal última de nuestro ser cristiano, y volver a promover la justicia, la transformación de estructuras. Hay que recuperar la opción por los pobres, en serio, sin aguarla, arriesgando por ella, recordando y honrando a quienes la vivieron hasta el final: nuestros mártires. Hay que recobrar la parcialidad de Dios y de su Cristo hacia los pobres de este mundo.

Hay que recuperar la evangelización, en el sentido primigenio que tiene en Jesús: el anuncio de una buena noticia a los pobres, sin que la novedad en métodos y lenguaje sustituya a lo esencial .../...

"Hay mucha gente que el 24 de marzo recuerda a sus hijos e hijas, esposos, padres, hermanos y hermanas, que también fueron asesinados. Y piden a Monseñor que ahora cuide de ellos. A ese Monseñor le hablan como se habla a un padre. Quizás le piden favores, milagros, pero pienso que no lo hacen porque ven en Monseñor a un santo «milagrero», con poder, sino porque ven a un hombre bueno, alguien que les quiere de verdad. Sigue siendo para ellos buena noticia."

Jon Sobrino. Carta a las Iglesias, febrero 2005

El Mundo del Trabajo

Por eso, hermanos, ahora yo quiero hacer de las lecturas que se acaban de escuchar, un mensaje al trabajador. Quiero anticipar en mi homilía de hoy una palabra iluminada por la Palabra de Dios al mundo del trabajo. Y cuando digo trabajador, mundo del trabajo, estoy pensando no sólo en los obreros, no sólo en los campesinos, pienso también en las partes patronales, pienso también en el capital, en el gobierno, en los hombres de la política, en el comercio, en los que han sido víctimas de incendios, en todos los que luchan y trabajan. Todo es trabajo. También al contemplativo que en su monasterio reza, se mortifica, ayuna y se hace santo, víctima por el mundo. Todos trabajamos, solamente deja de trabajar el vicioso, el haragán, el que no es constructor de la historia. Esos son los verdaderos marginados.

Para todo mundo que se preocupa poniendo al servicio del bien común: trabajo, capital, política, esfuerzos, somos trabajadores todos. No nos dividamos. Tratemos de buscar bajo ese título: EL TRABAJO, nuestra propia vocación. Vivir el encanto de mi vocación sacerdotal. Vivir tú el encanto de tu profesión de abogado, de médico, de ingeniero. Tú obrero, sentir todo el orgullo de tu serrucho, de tu cuchara de albañil. Sentir, tú campesino, también el orgullo de tu machete, de tu arado, de tus bueyes. Y tú, señora del mercado, también la alegría de ganarte la vida bajo la inclemencia de sol. Allí, luchando, cada uno es un trabajador. ¡Qué hermoso sería ver que el hombre es imagen de Dios! del Dios, que como dijo Cristo: "Mi Padre trabaja".

Dios construyó el mundo y no lo ha dejado perfecto porque lo confió a sus imágenes. Intencionalmente dejó sin concluir el mundo para que los hombres lo perfeccionen. Cuando hoy los hombres en la técnica encuentran el secreto del átomo, la energía del sol, los secretos de la tierra y del mar, no están creando nada nuevo. La creación ya la hizo el gran trabajador: Dios. Pero ha dejado a sus hijos, sus imágenes, que vayan encontrando el átomo, la tierra, el mar, los espacios, los viajes interplanetarios, con su trabajo humano. El trabajador-hombre imita al trabajador-Dios y está perfeccionando la creación y está transformando el mundo.

Cristo, por eso, es la revelación de Dios-trabajador y la revelación del hombre-trabajador. Fijémonos en Cristo porque así como dice la primera lectura de hoy: "Felipe bajó a una ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo". Esto es lo que ha venido predicando la Iglesia, porque en Cristo está la gran revelación de Dios y del hombre, precisamente, en ese encuentro que los hombres por no interpretarlo bien, han hecho la lucha de clases, las diferencias sociales. Pero que si la interpretáramos como Cristo que empalma el trabajo infinito de Dios y el trabajo finito del hombre, haríamos la sociedad de la paz, de la justicia, del progreso.

Homilia Mons. Oscar Romero y Vivirán Sexto Domingo de Pascua, 30 de abril de 1978 (Extracto)

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