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Análisis / HOAC
¿De verdad nos importa África?
Artículo de Ramón Aguadero, militante de la HOAC de Málaga

29/12/2006. Fuente: HOAC. Noticia leída 582 veces.

Invasión de cayucos, peligra el turismo en las islas, drama en las costas atlánticas, los inmigrantes sostienen el crecimiento económico... son los titulares que encuentro en la prensa a mi vuelta de Mozambique.

Adaptándome todavía a la cómoda vida europea, este artículo no es más que la reflexión creyente de alguien que se siente interpelado por la realidad vivida y que piensa que el drama africano no puede dejarnos indiferentes.

Tan cerca y tan lejos

A pesar de la proximidad geográfica, viajar a África es irse a otro planeta. No sólo por el abismo económico, sino también por el choque cultural. A unas condiciones de vida extremas se añade una cosmovisión del mundo que no tiene nada que ver con la nuestra, de manera que la vida transcurre lejos de nuestras circunstancias y parámetros occidentales.

Quizá estén ya acostumbrados a las imágenes de las ciudades africanas, con inmensos arrabales donde se hacinan miles de personas en condiciones indignas. Sin embargo, la vista no basta para percibir toda la realidad. Son los olores, y ahora, en la estación seca, ese polvo que se te mete en la boca y la nariz día y noche, los que también dan la pauta del estado del barrio donde nos encontramos.

Munhava: 130.000 habitantes a ambos lados de la carretera de tierra batida que sale del puerto de Beira, segunda ciudad de Mozambique. Sin una calle asfaltada. Con casas de autoconstrucción, de bambú o bloques de cemento, alquiladas por cuartos, donde se hacinan miles de familias que mayoritariamente se iluminan con lámparas de petróleo. Con una red de canalización a la que tiene acceso no más del 10% de la población y que no se repara desde la época colonial. Un barrio que dispone de un médico y dos enfermeros. Donde la malaria, el cólera y el sida diezman a la población. Donde la familia tradicional ya no puede acoger a tantos huérfanos y estos viven solos o formando hogares cuyos cabezas de familia son adolescentes. Que podrían comer con un euro al día, si dispusieran de ese dinero, claro. Un barrio con dos escuelas públicas de primaria y ninguna de secundaria. Con una ratio de 70 alumnos por aula. En una ciudad destartalada, ruidosa y pestilente, convertida toda ella en un inmenso mercado callejero donde los hombres se dedican a comprar y vender lo que pueden; las mujeres cultivan la machamba (pequeñas parcelas de economía de subsistencia) y cuidan de la casa y los niños; y los jóvenes, acabados los estudios, tienen por ocupación pasear. Esta es la radiografía rápida del lugar que estoy describiendo.

Las razones de la historia

Ante una realidad tan dura e impactante, intentas buscar las causas que han dado lugar a esta situación. Beira era la joya portuguesa de Mozambique. Todavía hoy, pasear por el barrio de Ponta Gêa nos da idea de lo que fue la ciudad. Amplias avenidas trazadas a cordel y cubiertas de árboles inmensos, con edificios coloniales milagrosamente en pie. Teatros imponentes como el San Jorge o el Nacional son ahora vestigios de un remoto esplendor. Las ruinas del Gran Hotel, ocupado por familias sin hogar, la decrepitud del San Carlos, en la playa de Estoril, o las historias de sexo, juego y drogas en el antiguo casino nos hablan del pasado de una ciudad para blancos: cuidada y limpia, importante centro de distribución de mercancías al interior del África austral, con el ferrocarril y algunas industrias auxiliares como motor de su desarrollo. Un comercio floreciente, con importante presencia de árabes, indios y chinos, daba a determinados barrios de la ciudad un aire cosmopolita y multicultural. Todo a costa, por supuesto, de una población negra que terminará rebelándose. La revolución de los claveles en Portugal es la respuesta a una situación insostenible en las colonias. Después vinieron la independencia y las nacionalizaciones; la salida de buena parte de los portugueses, esto es, de los únicos cuadros formados del país; y dieciséis años de guerra civil, alimentada por los apartheid sudafricano y rodesiano...

En este marco, el país se viene abajo. La ciudad tampoco es capaz de mantener la infraestructura montada por los portugueses. Munhava, barrio periférico, comienza a acoger a miles de campesinos que huyen del conflicto armado. Las inundaciones de 2000 y el éxodo rural por las sequías posteriores hacen que la población siga aumentando y configuran definitivamente la estructura del barrio, a nuestros ojos occidentales un caos urbanístico dominado por la basura. La población de la ciudad ha pasado de 60.000 habitantes en la época de la independencia (1976) a más de medio millón en la actualidad. Bastión de la opositora RENAMO, es discriminada en la aportación de los fondos de ayuda internacional que recibe el Gobierno de la nación. Prueba de ello es su no inclusión en el plan de infraestructuras puesto en marcha de cara al mundial de fútbol de 2010.

Otra cultura

El universo cultural, que propicia referentes y modos de entender la vida, si bien está cambiando, es completamente diferente al nuestro. A los blancos nos cuesta situarnos y entenderlo. Es una equivocación oponer nuestros valores frente a los suyos como civilizados. Y sobre todo, es imposible entenderse, y establecer relaciones fructíferas, si no conocemos y valoramos la psicología de un país. Algo que nuestros diplomáticos parece que no han captado todavía en su periplo por el África Occidental. La etnia sigue contando, aun en la ciudad, y la cuestión lingüística no se puede obviar. La primera pertenencia es al clan, por encima de otra adscripción, incluidos el estado o la nueva religión que se profese. Frente al culto a la juventud en Europa, siguen siendo los ancianos los portadores de la sabiduría que da la experiencia. En cualquier estamento se establece rápidamente una jerarquización, con unas tareas y funciones completamente claras y definidas según el lugar que se ocupe. Lo hemos constatado en la vida parroquial. En este contexto, el principio de autoridad y el papel de cada cual queda claro en las familias y en la escuela. También se nota que en la ciudad, en ambientes de subsistencia y con las relaciones familiares rotas, se da una pérdida de los valores tradicionales. Otro rasgo diferenciador es que la cultura de la prisa no existe, lo que a veces te exaspera, pero que propicia que se vivan los momentos sin el agobio del tiempo y con una mayor intensidad. La música y la danza constituyen el alma de este pueblo, su fuerza, expresión de una manera de ser y de sentir. Y en este mundo globalizado, es la música negra norteamericana y brasileña la que se está convirtiendo en significativa para muchos jóvenes de estos barrios periféricos, mezclada con sus propias músicas tradicionales. Las creaciones que resultan son una prueba clara de su creatividad.

Es, sin embargo, la situación de la mujer, la que más desasosiego nos causa. Base de la economía familiar, la podemos ver de madrugada, con el niño a la espalda y la azada en la cabeza, camino de la machamba. De vuelta a la ciudad, tendrá tiempo para cargar con la leña y el agua, y hacerse cargo de las tareas domésticas y del cuidado de los hijos. Mientras tanto, su marido podrá hacer lo que le apetezca, sin que tenga que dar ninguna explicación o ella ose levantar la vista. La poligamia sigue estando bastante extendida, incluidos los católicos, por supuesto, aunque estos lo intenten ocultar. La sexualidad se vive de una manera más primaria y natural, sin tabúes, no estando siempre asociada a la afectividad o a un compromiso exclusivo. Y a veces tiene un carácter social en determinados ritos, como ocurre en los funerales. En este contexto, el celibato es bastante complicado de entender. Como pueden ver, son estas algunas pinceladas que expresan el abismo cultural que nos separa.

¿Cuál es el futuro de este país?

Mozambique, cuyo presupuesto se financia en un 50% con ayuda exterior, cumple fielmente los dictados del Banco Mundial y del FMI, y según estos «expertos» su economía «va bien» y el país progresa. La entrada de inversiones se deja notar sobre todo en las zonas dirigidas por el gubernamental FRELIMO: en Maputo, la capital, y en el norte, sobre todo en Nampula, potencial centro turístico que va camino de desbancar a Beira como segunda ciudad del país. En el centro y en las zonas rurales esa mejora no es tan evidente. El último informe del PNUD es relevante. Sobre 177 países, ocupa el puesto 168. Los datos siguientes nos explican esta realidad. Realidad más sangrante si las comparamos con la situación en nuestro país.

MOZAMBIQUE v. ESPAëA

ESPERANZA DE VIDA: 42 años - 79,5 años

Nº MÉDICOS/100.000 HAB.: 2 - 320

ENFERMOS DE SIDA: MÁS DE 2.000.000 - 120.000

TASA ANALFABETOS: 53,5% - 2,3%

ÍNDICE ESCOLARIDAD: 43% - 94%

RENTA PER CÁPITA: 1.009 € - 20.233 €

CONSUMO ENERGÍA/HAB.: 378 KWH - 6.154 KWH

NºAUTOMëVILES /1.000 HAB.: 4,9 - 472

Nº TELEF. FIJOS/1.000 HAB.: 4 - 429

Nº MëVILES / 1.000 HAB.: 23 - 916

Ante este panorama te preguntas por donde buscar una salida. Constatas una evidente falta de preparación técnica, pero sobre todo, de una formación básica en buena parte de la población; el país, a pesar de sus recursos, tiene que recuperarse de los años de guerra, pues no dispone ni de las infraestructuras ni de los medios humanos y técnicos para «competir» en la economía global; hay un sentimiento de fatalismo sobre la propia capacidad de salir adelante; el sistema judicial es casi inexistente, con pocos medios, lo que unido a una cultura del clientelismo y la corrupción (por otra parte lógica en una parte del mundo donde la gente lo que se plantea es, simple y llanamente, la supervivencia diaria) ralentizan los procesos democratizadores y de desarrollo...

Y aunque es cierto que la sociedad y el país deberían olvidar lastres históricos para salir adelante, la impresión es que estos pueblos se encontraron, sin comerlo ni beberlo, con una civilización occidental cuya superioridad técnica supuso una colonización y dominación que a día de hoy se traduce, en la aldea global del siglo XXI, en estar en inferioridad de condiciones para conseguir el desarrollo y la autonomía necesarios que permitan unas condiciones de vida dignas a su población.

¿Y esto, qué tiene que ver con nosotros?

La mayor riqueza que he encontrado en África es su gente. La falta de sentido y de rumbo en la Europa del consumismo, allí no existe. Las dificultades de la vida diaria no solo agudizan el ingenio del mozambiqueño, sino que son el acicate para celebrar profundamente los pequeños y grandes sucesos de cada día. Si algo he encontrado en Munhava, es la autenticidad en el compartir y una alegría contagiosa. En los huérfanos del hogar de la parroquia, últimos entre los últimos, muchos de ellos con historias difíciles de curar, estas no son obstáculo para los juegos, el canto, o el baile. Mis alumnos en Málaga no tienen nada que ver con unos niños de una creatividad asombrosa y cuyas risas me despertaban a las 6 de la mañana y así seguían hasta la hora de acostarse.

El realismo es muy distinto del pesimismo. Por eso, la compleja situación descrita no puede ser la excusa para no hacer nada y dejar que las cosas sigan como están. Son ellos los que muestran que es posible la esperanza, los que la necesitan y los que van a luchar por un futuro mejor. África tiene una responsabilidad, pero Europa no puede dejarla sola. Nunca ha habido tanta riqueza en el planeta. Nunca ha habido diferencias tan abismales. No podemos decir que nosotros no somos conscientes de lo que pasa. En la opción por los empobrecidos, en la gestión justa del fenómeno migratorio, en poner la bases de una sociedad intercultural se juega hoy el destino del planeta y la credibilidad de nuestra Iglesia. Nosotros, ¿preferimos mirar para otro lado e instalarnos definitivamente en el buen vivir que nos ata y modela cada vez más o tenemos algo que hacer y decir?

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