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La Iglesia y la unidad de Espa√Īa
Artículo de Juan Antonio Estrada

02/12/2006. Fuente: Diario de C√°diz. Noticia leída 422 veces.

¬ŅCu√°l es el papel de la Iglesia en una sociedad laica y secularizada? √Čsta sigue siendo una problem√°tica sin resolver casi treinta a√Īos despu√©s de la aprobaci√≥n de la vigente Constituci√≥n Espa√Īola.

La estrecha vinculación entre la Iglesia y el Estado es lo que caracteriza al Estado confesional, en el que la primera juega un papel determinante en el orden político institucional. La doble identidad confesional y religiosa, propia de una sociedad y Estado católicos, exige que las leyes y ordenaciones políticas sean evaluadas por la Iglesia, ya que ésta tiene autoridad para legitimarlas o rechazarlas.

En cuanto que el orden pol√≠tico es tambi√©n confesional, no hay autonom√≠a de √©ste respecto del religioso. Por otra parte, el Estado confesional est√° obligado a defender a la iglesia oficial y √©sta a exigir que no se tolere el error, es decir, la difusi√≥n de doctrinas y valores incompatibles con sus doctrinas. En el orden pol√≠tico de un Estado secularizado y laico impera la estricta divisi√≥n de poderes, as√≠ como la autonom√≠a del Estado y de la Iglesia, cada uno con sus propias competencias. En el orden pol√≠tico institucional la Iglesia no tiene ning√ļn papel, ya que su lugar es la sociedad en la que juega un papel como instituci√≥n y como comunidad.

Si no est√° de acuerdo con algunas leyes puede luchar para cambiarlas por el mismo medio que el resto de los ciudadanos: el debate p√ļblico, la argumentaci√≥n, y la creaci√≥n de un estado de opini√≥n desde el que se pueda presionar al orden pol√≠tico y dentro de √©l al Estado. En cuanto que no somos s√ļbditos sino ciudadanos todos podemos intervenir en los debates pol√≠ticos e intentar influir en ellos, e indirectamente en el Estado y el Gobierno. Desde esta perspectiva el problema de la unidad de Espa√Īa, de las formas pol√≠ticas que tiene que asumir el Estado y de la viabilidad o no de los nacionalismos tiene una doble dimensi√≥n. Por un parte, es un problema estrictamente pol√≠tico e institucional, en el que la Iglesia como instituci√≥n no tiene por qu√© intervenir.

El cristianismo es compatible con una Espa√Īa como la actual pero tambi√©n con otro modelo, siempre que respete los derechos humanos y los valores democr√°ticos. El bien moral no es una forma concreta de Estado que haya que defender contra todas las posibles alternativas, sino la democracia en s√≠ misma (contra toda imposici√≥n sobre la voluntad popular). Cualquier forma de elecci√≥n pol√≠tica que elijan los ciudadanos libremente es compatible con el catolicismo, como lo ser√≠a, en caso dado, la independencia de una comunidad espa√Īola, si se lograra de forma pac√≠fica, democr√°tica y libre. El cristianismo no depende de las formas de Estado y es compatible con cualquier r√©gimen pol√≠tico que asegure las libertades, incluido el de las mismas iglesias.

El papel de la Iglesia no es velar por la unidad espa√Īola y rechazar cualquier posible alternativa, ya que no hay un Estado confesional, sino defender la democracia, la participaci√≥n libre de los ciudadanos y que cualquier decisi√≥n que se tome sea el resultado de un consenso libre, sin violencia y sin chantajes e imposiciones de ning√ļn tipo. Lo que hay que defender desde una perspectiva eclesial no es un orden pol√≠tico dado, una forma de estructurar al Estado, sino el car√°cter democr√°tico y la libre participaci√≥n, sin coacciones, de todos los ciudadanos, que es la que asegura todos los derechos, incluido el de libertad de expresi√≥n y el de libertad religiosa.

Naturalmente los ciudadanos cat√≥licos pueden y deben expresar su opini√≥n sobre todos los problemas, obispos incluidos, y tener sus preferencias pol√≠ticas por una forma del Estado. Pueden o no estar de acuerdo con una decisi√≥n pol√≠tica y procurar cambiarla. Pero no se puede confundir la opci√≥n pol√≠tica de cada uno, sea obispo o laico, y presentarla como la de la ¬ęIglesia¬Ľ, porque √©sta no es la jerarqu√≠a sino la comunidad de todos los cat√≥licos, y √©stos, a su vez, tienen pluralidad de opciones pol√≠ticas.

No hay una ¬ęopci√≥n pol√≠tica de la Iglesia¬Ľ y cuando alguien confunde su propia opci√≥n pol√≠tica con la de la comunidad a la que representa, hay una politizaci√≥n de lo eclesial y una pretendida confesionalizaci√≥n del orden pol√≠tico, que nos retrotrae a lo que oficialmente est√° superado, el Estado confesional cat√≥lico que concede a la Iglesia el derecho al control y supervisi√≥n del mismo orden pol√≠tico.

Desgraciadamente esto es lo que pretenden algunos sectores del catolicismo actual y √©sta es tambi√©n una de las causas de que la Iglesia aparezca como una de las instituciones menos valoradas por amplios sectores de la sociedad espa√Īola. Y es que mucha gente, tambi√©n muchos cat√≥licos, no quieren volver a un orden pol√≠tico tutelado por eclesi√°sticos, porque √©ste pertenece al pasado

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