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Análisis / HOAC
La globalización en Torrox
La globalización también se hace notar en el pueblo malagueño de Torrox.

13/11/2006. Fuente: HOAC. Noticia leída 509 veces.

Las políticas neoliberales afectan a los modos de vida de los habitantes de casi todo los rincones del mundo. La HOAC de Málaga ha podido identificar sus efectos en esta población rural, gracias al trabajo del Sector de la Precariedad.
Torrox

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Hasta hace bien poco, el futuro de Torrox pasaba por la agricultura. Gracias a la construcción de invernaderos durante la década de los años 70 y 80, no sólo se frenó la emigración, sino que también mejoró sustancialmente el nivel de vida general de la población.

Para implantar los cultivos bajo plástico hubo que hacer grandes inversiones en infraestructuras y formar a los agricultores en el uso de los fitosanitarios de última generación, en el riego por ordenador, en el desarrollo de las destrezas necesarias para cuidar una cosechas muy vulnerables.

Las explotaciones, fundamentalmente familiares, hasta hace poco han resultado razonablemente rentables a cambio de mucha dedicación y la participación de toda la familia. Al menos ha servido para mantener un nivel de vida algo más que digno, si bien a cambio de grandes sacrificios.

El 99% de la tierra se explota en régimen de propiedad, siendo la superficie media de los minifundios de entre 3.000 y 5.000 metros cuadrados.

Cada vez es más notable la presencia de trabajadores magrebíes, como primera característica que puede asociarse a la globalización económica, responsable de incesantes flujos migratorios.

La explotación agraria, desde siempre, ha estado sometida a la climatología, al aguante de la propia tierra y al nivel y calidad del agua. En los tiempos actuales, también, a los dictados de las multinacionales químicas que venden los productos fitosanitarios y las semillas y las redes de distribución y comercialización.

En la subastas de los productos agrícolas, se paga el menor precio posible gracias a los compradores que reciben una comisión de intermediarios, asentadores y agentes de cadenas de comercialización. Las alhóndigas de Torrox donde se produce esta primera compra son todas privadas y cobran al agricultor por prestarles el servicio de intermediación y resolverles los trámites burocráticos.

Es el principio de una cadena de intermediarios, en la que los grandes distribuidores, como los hipermercados, se han hecho fuertes. Sus ventas millonarias y su influencia en los hábitos del consumidor les permiten negociar a la baja con los productores, además de sustituir a un productor local por el de otro continente con gran velocidad y sin mucho coste.

Los agricultores cada vez están más presionados, no sólo para vender a precios irrisorios, sino además para cumplir todo tipo de normas de presentación y empaquetado. Sus esfuerzos suponen sumar más valor añadido a los productos, aunque las grandes distribuidoras no compensen por ello.

El mercado hortofrutícola

En lo que se refiere a los productos hortofrutícolas, es evidente que la globalización de los mercados ha conseguido establecer un techo a la fijación de los precios Mientras se pagan precios muy bajos por la materia prima, el costo de la distribución, en la que se utilizan las últimas estrategias de mercadotecnias y las nuevas tecnologías, aumenta para beneficio de los comercializadores. El mercado hortofrutícola ya no se lidera por tradición, por ventajas comparativas aparentes o por las redes sociopolíticas, sino por la oferta adecuada en el momento justo, según los cambiantes hábitos de consumo.

Para hacerse una idea más exacta de lo que todo esto representa basta comparar los precios en origen de estos productos con precios finales de venta al público. Al consumidor se le pide de media más del 250% de lo que se le pagó al agricultor.

No es extraño que se haya acentuado el abandono del campo por parte de los jóvenes. A las de por sí exigentes condiciones de las explotaciones agrícolas, hay que añadir un porvenir para el sector nada esperanzador.

Fuerzas del mercado

El turismo y la construcción son en la actualidad los sectores económicos más pujantes. Nada nuevo, por otra parte, dentro del panorama patrio, como es de todos conocido.

Las grandes inversiones públicas en la zona han sido la construcción de autovías y la mejora de las comunicaciones. En paralelo han florecido grandes hoteles, alojamientos turísticos de todo tipo e incluso mansiones de lujo.

La disponibilidad económica, el cambio de uso del suelo y la llegada de los promotores inmobiliarios ha provocado un «boom» de la construcción que crea empleo, aunque en precario, y relega el campo a un segundo plano.

La política al servicio de la economía, o mejor, de los intereses económicos de los más poderosos es otra de las señas de identidad de la globalización en curso. El Ayuntamiento de Torrox está revisando el Plan General de Ordenación Urbana. Aunque, en el momento de escribir este artículo, aún se encontraba en fase de información pública, parece que la zona sur próxima a autovía que separa el casco urbano de la playa, será declarada urbanizable. Precisamente es el espacio donde se localizan la mayoría de las explotaciones agrícolas de Torrox. De declararse urbanizable, serían muy poderosa la tentación de acabar con los cultivos e invernaderos existentes y levantar alojamientos turísticos o equipamientos residenciales.

Ante la más que posible desaparición de todo un modo de vida, como el ligado a la agricultura, apenas se levantan voces discrepantes. Pareciera que muchos esperan un empleo de obreros de la construcción, operarios, empleados. Como diría Miguel Hernández, dejar de ser señores de labranza para pasar a ser sirvientes. Apenas hay resistencias o críticas al plan. El cambio inducido se impone con el consentimiento y aceptación de la mayoría, que guarda silencio.

Quizás otro rasgo de la globalización sea su aparente inexorabilidad. Llámese «fuerzas del mercado», «designio de los tiempos» o «necesario progreso», se impone como inevitable e incontestable.

Sólo unos locos se atreven a decir que otro mundo es posible. Los demás, asienten y se conforman.

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