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Para la reflexi贸n cr铆tica
Violencia, religiones e islam
Art铆culo de Juan Antonio Estrada

01/10/2006. Fuente: Granada Hoy. Noticia leída 431 veces.

Afirmar que la religi贸n isl谩mica genera violencia y que hay que contraponer la racionalidad a la religi贸n para que 茅sta no degenere, ha provocado una reacci贸n global en muchos grupos isl谩micos.

La quema de iglesias, las amenazas de muerte, el asesinato de una monja y la proliferaci贸n de discursos sobre una cruzada contra el islam han proliferado en los 煤ltimos d铆as. Estos grupos radicales, sin pretenderlo, han dado la raz贸n a los que denuncian a las religiones en general y el islam en particular como causa de violencia. Reaccionar violentamente ante los que acusan a una religi贸n de violenta es dar la raz贸n a la acusaci贸n, aunque esta paradoja se escape a gente fanatizada. Las excusas posteriores, las matizaciones para disculpar una desafortunada forma de expresarse, el intento de distinguir entre lo que se dijo y lo que se quer铆a decir, resultan insuficientes para los radicalizados. Y no cabe duda de que 茅stos proliferan hoy, no s贸lo en el islam.

El problema de estas afirmaciones es que pueden ser profec铆as que se autocumplen precisamente por manifestarlas. Hay un problema acerca de lo que es "pol铆ticamente correcto", ya que una personalidad p煤blica no puede manifestarse sin tener en cuenta las posibles consecuencias de sus manifestaciones. No siempre se puede decir todo lo que se piensa, ya que hay que calibrar el contexto y las posibles repercusiones. Por eso se puede afirmar que el te贸logo Ratzinger ha jugado una mala pasada al Papa Benedicto XVI, que ya no puede manifestarse como hac铆a antes en sus escritos, entrevistas y documentos.

Pero es que adem谩s hay una laguna en sus manifestaciones que ha dificultado la recepci贸n de su mensaje. La historia del cristianismo est谩 tambi茅n llena de violencia y la guerra santa no es una exclusiva del islam ni remite simplemente a un catolicismo pasado. La reciente guerra de Iraq, o la de los Balcanes, han mostrado c贸mo la religi贸n juega a veces un papel crucial en los enfrentamientos y c贸mo se puede recurrir a ella para avivar conflictos con ra铆ces econ贸micas y pol铆ticas. Las religiones pueden sacar lo mejor y lo peor de la persona, y aventajan a otras ideolog铆as en que no s贸lo se dirigen a la mente, a la raz贸n, sino tambi茅n al afecto y las emociones, al coraz贸n. De ah铆 su enorme capacidad de arrastre y de influencia, y la ambig眉edad de su potencial movilizador.

Por eso tambi茅n la racionalidad y su evaluaci贸n cr铆tica de las religiones forma parte de la historia religiosa de Occidente. El cristianismo ha tenido que aprender de su historia y tambi茅n de la cr铆tica ilustrada a la religi贸n, que ha posibilitado la toma de conciencia de la "violencia sagrada". La paradoja del cristianismo es que surgi贸 de una persona asesinada por las autoridades religiosas y pol铆ticas de su tiempo, y que acab贸, a su vez, asesinando en nombre de Dios tanto a los enemigos externos como a sus disidentes y herejes. El que esto le ocurriera al cristianismo, la religi贸n de un crucificado por el poder pol铆tico y religioso, es una buena muestra del potencial patol贸gico de toda religi贸n. El respeto a la dignidad de la persona y la libertad religiosa, la aceptaci贸n del pluralismo en la b煤squeda de la verdad, la separaci贸n entre la Iglesia y el Estado, la secularizaci贸n de la sociedad y la laicidad del orden pol铆tico han ayudado al cristianismo a superar su propia historia, aunque haya que mantenerse vigilantes para que no resurja de nuevo.

Este proceso hacia un cristianismo tolerante y cr铆tico con el fanatismo religioso no ha concluido, porque siempre est谩 inacabado. El fanatismo y el fundamentalismo se dan hoy m谩s respecto a los disidentes, herejes y heterodoxos de la propia religi贸n que frente a las otras religiones. El encuentro de As铆s entre las grandes religiones mundiales, presidido por Juan Pablo II, puede simbolizar ese ecumenismo externo, que necesita complementarse con el interno. Hay que acabar con los fundamentalismos fanatizantes y ayudar a todos los grupos, religiosos o no, a esta evoluci贸n. Tambi茅n hay corrientes ateas y agn贸sticas que generan fanatismos como las religiones, como ha mostrado la reciente historia en los pa铆ses del Este. Cualquier ideolog铆a o sistema de creencias, nacionalismos incluidos, tiene sus fan谩ticos a los que hay que aislar y no caer en una permisividad que alimente esos comportamientos. La misma libertad de expresi贸n f谩cilmente degenera en agresiones ideol贸gicas, mofas e insultos contra los que tendr铆an que reaccionar los no fan谩ticos, sea cual sea su ideolog铆a, partido o religi贸n.

Esto es tambi茅n lo que necesitamos respecto del islam. Y ayudar a los grupos y representantes moderados, que saben distinguir entre convicciones propias y respeto a las otras creencias. Aprender que en Europa la cr铆tica religiosa es inherente a su ejercicio, y que el islam tiene que vivir en sociedades laicas, como ha tenido que asumir el cristianismo. Quiz谩s el gran reto para Turqu铆a, que quiere entrar en la Uni贸n Europea, es la secularizaci贸n de la sociedad, antes que el cristianismo. La tolerancia, la aceptaci贸n de la cr铆tica, e incluso asumir el rechazo de la religi贸n son parte de las confesiones religiosas en Occidente y tendr铆an que serlo de los ciudadanos isl谩micos en Europa. Mientras que no se aprenda esta lecci贸n, que en Occidente se va imponiendo tras siglos de dificultades, ser谩 imposible disociar la religi贸n de la violencia.

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