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Para la reflexión crítica
Educar en una ciudadanía justa
Art√≠culo de Adela Cortina, Catedr√°tica de √Čtica y Filosof√≠a Pol√≠tica Universidad de Valencia.

21/09/2006. Fuente: Universidad Complutense. Noticia leída 465 veces.

Cuando hablamos de educación para la ciudadanía habría que asumir la diferencia entre indoctrinar y educar, formar en una ciudadanía justa y no transmitir nada sin dar razón, y buena razón.

Intenta indoctrinar quien se propone transmitir unos contenidos morales para que el destinatario los asuma para evitar que su interlocutor siga pensando y se abra a otros horizontes. Educa, por el contrario, quien se afana por conseguir que el ni√Īo piense por s√≠ mismo, que se abra a contenidos nuevos y tenga criterio para elegir. Pero entonces surge la pregunta: ¬Ņes que no hay que educar en valores, no hay que ofrecer criterios porque eso es indoctrinar?

Resulta curioso comprobar c√≥mo nadie se hace esa pregunta en relaci√≥n con la lengua, las matem√°ticas o las ciencias naturales. ¬ŅC√≥mo no vamos a transmitir a los j√≥venes lo que hemos aprendido para que hagan con ello lo que bien les parezca en el futuro?

Ha costado mucho aprender que la libertad es superior a la esclavitud, la igualdad a la desigualdad, la solidaridad a la exclusión, el respeto activo al desprecio, la responsabilidad por lo vulnerable al abandono. Ha costado mucho aprenderlo y son valores que por su misma naturaleza educan para forjarse un universo abierto. Con criterios, con razones sentidas, con buen gusto. Son valores que pertenecen al universo de la justicia, que es el quicio de la ética ciudadana.

Estado y sociedad civil deben complementarse en la tarea de educar en lo justo y en lo bueno, cuidando con esmero promover lo que se ha llamado una ¬ęciudadan√≠a compleja¬Ľ, que no prescinde de las diferencias de proyectos de vida feliz, sino que los integra siempre que merezcan un reconocimiento leg√≠timo.

Es imposible introducir un bistur√≠ y separar en cada uno de nosotros la persona del ciudadano, las exigencias de justicia y los ideales de vida buena. Pero tambi√©n es verdad que una √©tica ciudadana deber√≠a pertrecharnos de aquellos valores y principios sin los que no podemos considerarnos justos. A comienzos del siglo XXI algunos de esos valores y principios ya son p√ļblicamente reconocidos, y por eso deber√≠an formar los contenidos de una educaci√≥n en la ciudadan√≠a, de una √©tica c√≠vica.

Para alcanzar esta meta no basta con memorizar leyes, constituciones, estatutos, declaraciones, ni siquiera con ponerse el cinturón de seguridad y distribuir cívicamente en los contenedores el cristal, el papel, el resto. No basta con fumar sólo en las calles o asistir a cursillos de seguridad vial. Hay que saber priorizar, y eso se aprende yendo, no sólo al qué, sino al porqué.

Seg√ļn informes del Banco Mundial y del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), un cuarto de los seres humanos subsiste bajo la l√≠nea de la pobreza, una tercera parte de las muertes que se produce al a√Īo (unos 18 millones de personas) est√° relacionada con la pobreza, 790 millones de personas no est√°n adecuadamente nutridas, m√°s de 880 millones no tienen asistencia sanitaria b√°sica, el acceso al agua potable ni siquiera es reconocido como un derecho humano, las desigualdades de calidad de vida entre las distintas regiones de la tierra han aumentado, la necesidad de inmigrar deja cad√°veres con nombre y apellido, crece el desempleo y el trabajo se precariza. ¬ŅNo deber√≠a tener un ciudadano justo la sensibilidad suficiente para percatarse de que hacer frente a estos problemas es una prioridad?

La idea de ciudadanía siempre ha presentado, entre otros, el problema de generarse desde la dialéctica de inclusión y exclusión. Se incluyen en la comunidad política los miembros de la propia nación, de la realidad nacional, de la nacionalidad, de la unión transnacional, o de la entidad política que sea, y queda fuera el resto. Pero si la justicia tiene un sentido, y pocos valores tienen más sentido que ella, el horizonte del ciudadano no puede ser sino cosmopolita. Y entonces lo importante y lo urgente es acabar con el hambre, la sed, la enfermedad, la muerte evitable y la miseria. De cualquier persona, aunque no sea conciudadana.

Estas cosas no se aprenden s√≥lo en la escuela, porque la educaci√≥n formal de los medios escolares queda muy corta si no viene arropada por la informal de la vida familiar, de la vida pol√≠tica y los medios de comunicaci√≥n. Y si en los medios de comunicaci√≥n y en la pol√≠tica las prioridades son siempre otras, d√≠a a d√≠a, semana a semana, mes a mes, a√Īo a a√Īo, los m√°s esforzados maestros del mundo ser√°n impotentes para educar en una ciudadan√≠a justa.

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