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Para la reflexi贸n cr铆tica
Para que funcione la globalizaci贸n
Comprender el fen贸meno ayuda a formular remedios y tratar las causas subyacentes

18/09/2006. Fuente: El Pa铆s. Noticia leída 437 veces.

La necesidad de organizaciones como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organizaci贸n Mundial de Comercio nunca ha sido tan grande, y la confianza en ellas rara vez ha sido tan escasa.
Joseph E. Stiglitz

Joseph E. Stiglitz

He escrito repetidamente sobre los problemas de la globalizaci贸n: un r茅gimen de comercio global injusto que impide el desarrollo, un sistema econ贸mico global inestable que provoca crisis recurrentes en las que los pa铆ses pobres se ven lastrados una y otra vez por una deuda insostenible, y un r茅gimen global de la propiedad intelectual que niega el acceso a medicamentos asequibles que salvan vidas, incluso cuando el sida hace estragos en el mundo en desarrollo.

Tambi茅n he escrito sobre las anomal铆as de la globalizaci贸n: el dinero deber铆a fluir de los pa铆ses ricos a los pobres, pero en los 煤ltimos a帽os ha ido en el sentido contrario. Aunque los ricos tienen m谩s capacidad para soportar los riesgos de las fluctuaciones de las divisas y los tipos de inter茅s, son los pobres los que soportan la mayor parte de esta volatilidad. De hecho, he protestado tan fuerte y ruidosamente por los problemas de la globalizaci贸n que muchos han llegado a la conclusi贸n err贸nea de que pertenezco al movimiento antiglobalizaci贸n. Pero yo creo que la globalizaci贸n tiene un potencial enorme, siempre que se gestione adecuadamente.

Hace unos setenta a帽os, durante la Gran Depresi贸n, John Maynard Keynes formul贸 su teor铆a del desempleo, que analizaba c贸mo la acci贸n del Gobierno pod铆a reinstaurar el pleno empleo. Aunque los conservadores le vilipendiaron, Keynes en realidad hizo m谩s por salvar al sistema capitalista que todos los financieros promercado juntos. Si se hubiera seguido a los conservadores, la Gran Depresi贸n habr铆a sido todav铆a peor y la exigencia de una alternativa al capitalismo habr铆a sido m谩s fuerte. Asimismo, a menos que reconozcamos y abordemos los problemas de la globalizaci贸n, ser谩 dif铆cil mantenerla. La globalizaci贸n no es inevitable: ya ha habido reveses en el pasado, y pueden volver a producirse.

Los partidarios de la globalizaci贸n tienen raz贸n al decir que posee potencial para mejorar el nivel de vida de todo el mundo. Pero no lo ha hecho. Ya no se pueden pasar por alto las preguntas formuladas por los j贸venes trabajadores franceses que dudan sobre c贸mo va a mejorar su situaci贸n la globalizaci贸n si implica aceptar unos salarios m谩s bajos y una protecci贸n laboral m谩s endeble. Tampoco se puede responder a esas preguntas con la nost谩lgica esperanza de que alg煤n d铆a todo el mundo se beneficiar谩. Como se帽alaba Keynes, a largo plazo, todos estamos muertos. La creciente desigualdad en los pa铆ses industrializados avanzados fue una consecuencia de la globalizaci贸n prevista desde hace mucho, pero rara vez anunciada. La plena integraci贸n econ贸mica supone la equiparaci贸n de los trabajos no especializados en todo el mundo y, aunque estamos muy lejos de alcanzar esta meta, la presi贸n descendente que recae sobre los que est谩n m谩s abajo es evidente.

En la medida en que los cambios tecnol贸gicos han contribuido a lo que pr谩cticamente es un estancamiento de los salarios reales para los trabajadores poco especializados en Estados Unidos y otros lugares durante las 煤ltimas tres d茅cadas, los ciudadanos poco pueden hacer. Pero pueden hacer algo respecto a la globalizaci贸n. La teor铆a econ贸mica no dice que todo el mundo vaya a beneficiarse de la globalizaci贸n; s贸lo que los beneficios netos ser谩n positivos y que, por tanto, los vencedores podr谩n compensar a los perdedores y, aun as铆, salir ganando. Pero los conservadores afirman que para seguir siendo competitivos en un mundo globalizado deben recortarse los impuestos y reducir el Estado de bienestar. Esto se ha hecho en EE UU, donde los impuestos se han vuelto menos progresistas y las subvenciones fiscales se han otorgado a los ganadores (aquellos que se benefician de la globalizaci贸n y los cambios tecnol贸gicos). En consecuencia, Estados Unidos y otros que siguen su ejemplo se est谩n convirtiendo en pa铆ses ricos con gente pobre.

La v铆a escandinava

Pero los pa铆ses escandinavos han demostrado que existe otra v铆a. Por supuesto, el Gobierno, al igual que el sector privado, debe esforzarse por ser eficaz. Pero las inversiones en educaci贸n e investigaci贸n, junto con una s贸lida red de seguridad social, pueden llevar a una econom铆a m谩s productiva y competitiva, con m谩s seguridad y un nivel de vida m谩s alto para todo el mundo. Una red de seguridad fuerte y una econom铆a pr贸xima al pleno empleo ofrecen un entorno propicio para que todos los interesados -trabajadores, inversores y empresarios- sean part铆cipes de los riesgos que requieren las nuevas inversiones y empresas. El problema es que la globalizaci贸n econ贸mica ha dejado atr谩s a la globalizaci贸n de la pol铆tica y las mentalidades. Dependemos m谩s de los dem谩s, lo cual aumenta la necesidad de actuar juntos, pero no disponemos de marcos institucionales para hacerlo de manera eficaz y democr谩tica.

La necesidad de organizaciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organizaci贸n Mundial de Comercio nunca ha sido tan grande, y la confianza en estas instituciones rara vez ha sido tan escasa. La 煤nica superpotencia del mundo, Estados Unidos, ha demostrado su desd茅n por las instituciones supranacionales y ha trabajado asiduamente para socavarlas. El amenazador fracaso de la ronda de desarrollo de conversaciones sobre comercio y la larga demora de la exigencia del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas de un alto el fuego en L铆bano no son m谩s que los 煤ltimos ejemplos del menosprecio de Estados Unidos por las iniciativas multilaterales.

El mejorar nuestra comprensi贸n de los problemas de la globalizaci贸n nos ayudar谩 a formular remedios -algunos, peque帽os; otros, grandes- orientados a ofrecer un alivio sintom谩tico y abordar las causas subyacentes. Hay una amplia gama de medidas que pueden beneficiar a la gente de los pa铆ses desarrollados y en v铆as de desarrollo, lo cual otorgar铆a a la globalizaci贸n la legitimidad popular de la que actualmente carece. En otras palabras, se puede transformar la globalizaci贸n; de hecho, est谩 claro que ser谩 transformada. La cuesti贸n es si ese cambio nos vendr谩 impuesto por una crisis o como resultado de una deliberaci贸n y un debate cuidadoso y democr谩tico. Los cambios impulsados por crisis entra帽an el riesgo de provocar una reacci贸n contra la globalizaci贸n, o una remodelaci贸n fortuita de la misma, que simplemente allanar铆a el terreno para m谩s problemas en el futuro. Por el contrario, el hacerse con el control del proceso brinda la posibilidad de rehacer la globalizaci贸n, de modo que por fin est茅 a la altura de su potencial y sus promesas: un nivel de vida m谩s alto para todo el mundo.

Joseph E. Stiglitz es premio Nobel de Econom铆a. Su libro m谩s reciente es Making globalization work. Traducci贸n de News Clips. 漏 Project Syndicate, 2006.

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