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Nadie me ha tratado nunca como lo hicieron esos pescadores espa√Īoles
El senegal√©s Saliou Fall relata su rescate por un marisquero espa√Īol

10/09/2006. Fuente: El Pa√≠s. Noticia leída 625 veces.

Jura que tiene envidia de los que parten cada d√≠a desde Casamance, y volver√° a intentarlo Debajo de los pies de Saliou Fall, el suelo a√ļn se mueve. Tres semanas despu√©s de que un pesquero espa√Īol lo rescatara de un cayuco junto a otros 176 emigrantes a unas 30 millas de la costa de Mauritania tras pasar 10 d√≠as perdidos en el mar, este joven de Dakar recorre la ribera del r√≠o Casamance contando a todo el mundo que todav√≠a no se siente bien en tierra firme. Que, como si a√ļn no hubiera desembarcado, le duele la cabeza y se marea. Que, a veces, incluso le entran ganas de vomitar.

"Estoy aqu√≠ de milagro", relata. Viaj√≥ desde Dakar hacia el sur para iniciar la traves√≠a hacia Espa√Īa desde Ziguinchor, la ciudad m√°s importante del sur de Senegal y el principal punto de partida de cayucos desde que Dakar increment√≥ la vigilancia con la ayuda del Gobierno espa√Īol. En esta zona, el Estado se concentra en combatir una guerrilla que asola la regi√≥n desde hace m√°s de 20 a√Īos. En este estuario tropical plagado de islas y con miles de canales donde esconder una barca, es pr√°cticamente imposible frenarlas.

"He vivido en el infierno y sois vosotros, los espa√Īoles, los que me hab√©is sacado de √©l", relata Saliou en el negocio de un amigo con el que march√≥, rodeado de curiosos. La pesadilla comenz√≥ con un temporal cuatro d√≠as despu√©s de salir desde la ciudad de Kaolak, unos 200 kil√≥metros al sur de Dakar, adonde hab√≠a llegado con otro cayuco desde Ziguinchor. Las olas de m√°s de seis metros rompieron una de las tablas de cedro con las que se construy√≥ la piragua. El agua empez√≥ a entrar a borbotones y el capit√°n conmin√≥ a todo el pasaje a achicar con cubos y garrafas. Pero el peso del agua y el tremendo oleaje impidieron a los motores seguir empujando.

El capit√°n decidi√≥ entonces dar media vuelta hacia donde cre√≠a que se encontraba Dakar. Despu√©s de cuatro d√≠as m√°s sin ver la tierra firme, decidi√≥ racionar la comida y el agua. "Todos hab√≠amos pagado 350.000 francos CFA [533 euros] por un viaje que inclu√≠a todos los gastos, pero de golpe nos convertimos en esclavos", relata Saliou. "Hasta ese momento pudimos comer galletas y pan y beber cuanto quisimos. Desde entonces nos tuvimos que conformar con un cacito de agua y dos pu√Īaditos de arroz cocido al d√≠a", contin√ļa.

El pasado 19 de agosto se encontraron con el Gober IV, un pesquero con base en Lepe (Huelva) que andaba por esa zona capturando marisco. El jefe del cayuco se aproxim√≥ para preguntarles si iban en la direcci√≥n correcta para volver a su pa√≠s, seg√ļn Saliou. Los marineros del pesquero espa√Īol, al ver las condiciones en las que viajaban les lanzaron un cabo para remolcarlos. "Los espa√Īoles nos dijeron que no pod√≠an subirnos al barco porque no ten√≠an el permiso de su empresa", asegura el senegal√©s.

Pasaron la noche amarrados al marisquero espa√Īol, que tuvo que abandonar la faena ante la situaci√≥n de emergencia. Hasta que a las siete de la tarde del d√≠a 20, el cayuco se termin√≥ de romper. "√ćbamos a morir todos pero ellos nos salvaron la vida. Una vez en el barco nos dieron leche, galletas y pan, y a los que se encontraban muy mal y ten√≠an quemaduras, los atendi√≥ un m√©dico", recuerda el senegal√©s.

Ricardo, uno de los miembros de la tripulación, contó por teléfono la experiencia. "Todavía no sabemos lo que vamos a hacer, los hemos encontrado a unas 30 millas de Mauritania con una vía de agua importante, pero todos parecen estar bien, aunque lo han pasado muy mal", explicó. "Estamos a la espera de que nos den instrucciones para saber qué tenemos que hacer con ellos".

Las autoridades espa√Īolas se pusieron en contacto con las de Mauritania, que aceptaron la repatriaci√≥n de los inmigrantes en el puerto de Nuakchot. A unas tres millas de la capital mauritana el buque hospital Esperanza del Mar, del Instituto Social de la Marina, les dio v√≠veres, medicinas y puso a su disposici√≥n un m√©dico y un enfermero. "Se lo cuento a todo el mundo", dice el senegal√©s. "Los espa√Īoles tratan a los inmigrantes como nadie lo hace en el mundo".

El Gober IV, con los inmigrantes a bordo, llegó a la bocana del puerto de Nuakchot sobre las diez de la noche del 20 de agosto. Una patrullera mauritana los recogió allí y fueron atendidos por Cruz Roja. Tras pasar la noche en un campamento, tres autobuses vigilados por la policía los llevaron hasta la población fronteriza de Rosso, donde los entregaron a la policía de Senegal.

Ahora pasa los d√≠as paseando por el mercado del puerto de Ziguinchor, donde se encuentra con algunos de sus compa√Īeros de viaje. Se confiesa obsesionado por la experiencia vivida y ahora tiene a√ļn m√°s ganas de volverlo a intentar. "Yo s√≥lo quer√≠a encontrar un trabajo y mandar dinero para mi mujer y mis dos hijos", asegura entre l√°grimas. "Mi madre y mis siete hermanos hab√≠an trabajado mucho para poder pagar el viaje y ahora soy yo el que les deber√≠a ayudar".

Jura que tiene envidia de los que parten cada d√≠a desde todas las islas del r√≠o Casamance y afirma que en cuanto re√ļna de nuevo el dinero volver√° a lanzarse a la mar. "Si lo tuviera me embarcar√≠a esta misma noche, porque aqu√≠ no hay nada que hacer", afirma. El trato que recibi√≥ de los marineros espa√Īoles es un acicate m√°s para volver al cayuco. "Nadie se ha comportado nunca conmigo como lo hicieron esos pescadores espa√Īoles".

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